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Vagabundos

–Dónde vamos a dormir hoy, –preguntó Max a Toño mientras levantaba un par de cartones (sleeping) del basurero y se los echaba a la espalda.
–Donde no se moje –contestó Toño.
Ambos empezaron a caminar, trastabillando a causa del guaro. El guaro nunca les faltaba a ese par.
–conozco un buen lugar –dijo Max–, un lugar seco y tibio, y lo mejor de todo es que allí nadie te molesta, nadie nos va correr ni nos echarán agua helada mientras tratamos de dormir. Antes yo siempre pernoctaba allí, pero lo había dejado… lo tengo solo para ocasiones especiales, sí, es que yo antes era un vagabundo solitario  y ahora te tengo a vos Toñito, ¡mi nuevo compañero de parranda! ¡Mi compa!
–Nosotros somos amigos, casi como hermanos más bien. Max yo a usted lo quiero mucho hermano, de verdad, lo quiero igual que mi propia madre. Max yo a usted lo aprecio hermano, lo quiero pues.
–Toño, ¡yo lo quiero más que al guaro hermano!
–¿Cuánto nos falta? –interrogó Toño que ya no podía más y se dejó caer al suelo.
–Todavía falta mucho compa –dijo Max–, yo también estoy cansado de caminar, mejor nos sentamos un rato a descansar para recargar las baterías.
Max tiró los cartones al piso y se echó sobre ellos. Toño reclamó el suyo y también se acomodó placenteramente en su cartón.
–Compadre –le dijo Max a Toño–, compa tengo hambre.
–¿Cuánto tenemos? –preguntó Toñito.
–Tenemos quince pesos, ¿compramos algo para comer?
–¿y desajustar el trago? No tío, tenemos que resistir la tentación.
–Pero es que tengo hambre compa. Compremos por lo menos un par de pesos de tortillas.
–Nada, nada, cuidadito se gasta ese billete que en la noche lo vamos a necesitar.
–¡Tengo hambre Toñin!
–Ya vamos a conseguir algo, solo hay que pedir.
–¡La gente ya no nos quiere dar ni verga!
Max y Toño estaban tirados casi en la puerta de un restaurante chino frente al mercado, y cada persona que pasaba por ahí le pedían dinero, con algunos tenían suerte con otros nada, ni siquiera una mirada.
–¡Compa como nos van a dar dinero con esa pinta de pachanguero que tiene usted! –le decía Max a Toño.
–¡uy, pero quién habla! Usted es el que espanta a todas las mujeres con esa barba y ese pelo de león.
–Hoy me voy a bañar ya va ver compa.
–¡Ay ombe, si usted se baña se enferma ombe!
–¡Ay ombe, yo antes me bañaba con agua helada y en la madrugada!
–¡Usted nunca ha madrugado ombe!
–A las cuatro de la mañana me levantaba yo para ir a traerle leña mi santa madre.
–Flaco regalame dos pesos para un cigarro –dijo Max un muchacho que pasaba frente a ellos.
–El muchacho se detuvo y sacó dos cigarros y le entregó una cada uno.
–Dios te bendiga mi papa –dijo Toño al muchacho.
–Todavía queda gente buena –dijo Max–, no todos son una mierda.
Fumaron y descansaron, luego siguieron su destino: el guaro.
 

 

 

 

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Hijos de la calle

Hijos de la calle

Lunes, recogemos botellas y latas de refresco, de esas que la gente tira en la calle porque no conocen los basureros. Nos pagan tres pesos por libra. Cuando ya hemos llenado un par de sacos, vamos a venderlos, primero los pesan y luego nos dan nuestra parte.
Con el dinero recaudado compramos guaro, cigarros y algo de comer. Ya borrachos los problemas son más llevaderos, olvidamos que somos hijos de la calle, que no tenemos techo ni comida, que hace frió y tenemos hambre…vagabundo
Martes, Nos vamos al parque y nos ganamos un par de pesos dibujando en el piso, con crayones. Sí, somos artistas de la calle, nuestros dibujos son muy abstractos, producto de la influencia del alcohol y la marihuana, creo que a la mayoría de gente no le gusta, o no saben apreciar el buen arte, porque nunca hemos recibo un buen comentario de nuestros lienzos.
Miércoles, los miércoles trabajamos en los semáforos como malabaristas, pero en eso no soy muy bueno, siempre se me caen las pelotas, así que mejor me dedico a limpiar vidrios de carros mientras mis amigos tratan de mantener las pelotas en el aire.
Jueves, los jueves, no trabajamos, simplemente nos quedamos a pedir dinero en cada esquina de esta podrida ciudad.
Viernes, los viernes –mis favoritos–, nos vestimos de mujer y salimos a vender nuestros servicios por las calles. Es nuestro día más productivo.
Sábado, los sábados nos bebemos el dinero que hicimos el día anterior, compramos mucho guaro y bebemos todo el día hasta perder la razón.
Domingo, es el día elegido para recuperarnos de las parrandas de toda la semana, ese día nadie consume drogas, ese día nos bañamos y vamos a misa.
¡El lunes todo vuelve a empezar!