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Cumpliré tu fantasía

Un día conocí una chica en un hospital mental, sé que no es el mejor lugar para enamorarse, pero así es el amor, uno lo encuentra cuando no lo busca y en los lugares menos esperados. Yo estaba esperando a que me llamaran y ella también, ambos eramos atendidos por el mismo psiquiatra. Después de varios intercambios de miradas, ella fue la que habló primero, yo nunca lo hubiese hecho porque soy un cobarde.
Ella era todo lo que yo buscaba, la había estado observando desde hacía mucho, ella era una preciosidad de mujer; cabello larguísimo hasta el culo, rojo natural, Dios y olía delicioso… su piel era blanca, blanquísima, sus ojos dos planetas verdes que brillaban al verme.
Entonces empecé a platicar con la pelirroja más ardiente de la ciudad, hablamos de nuestros problemas mentales y de los efectos de todos los medicamentos que habíamos probado, los que te hacen sentir bien, los que mal, los que te hacen volar y todo eso. Ahí estábamos, dos chiflados enamorados en medio de un montón de locos.
Ella dijo que su problema no era tan serio, es más; que ni siquiera necesitaba ir al psiquiatra, y menos las pastillas, y si lo hacía era porque su madre la obligaba a asistir a cada cita. La verdad que ella se miraba bastante bien, de no haberlo dicho ella, jamás habría sospechado que hablaba con una esquiza.
El tiempo que en otras ocasiones es eterno en ese hospital, ese día se nos pasó volando a ambos, eso pasa cuando hablás con el amor de tu vida, y todavía más cuando se trata de cosas profundas como las que hablamos aquel día.
Intercambiamos números y seguimos en contacto después de aquel lindo día… Un par de semanas después ya eramos novios y nos amábamos a muerte.
Un día la invité a mi casa a ver un película, porno, estábamos acostados en mi cama con las luces apagadas viendo aquella película. Entonces mi novia que ya estaba bastante caliente me preguntó:
—¿Cuál es tu máxima fantasía sexual?
—Son muchas —dije yo.
—Sí, pero yo quiero saber la número uno, la que más te prende.
—¿Por qué querés saber?
—Porque quiero hacer realidad tu máxima fantasía sexual, sin importar lo que sea, estoy dispuesta a hacer lo que sea.
No pude evitar reírme.
—Mi amor, dudo mucho que vos podás hacer realidad mi fantasía, es algo que no está en tus manos hacer.
—Decime que yo soy capaz de hacer lo que sea por vos.
—Mirá, es algo que aunque quieras no vas a poder hacer.
—Te lo digo y te lo cumplo. Mejor dejá el misterio y decime de que se trata tu fantasía.
—Mirá, mi fantasía número uno es coger con una mujer a la que le haga falta una pierna, alguna amputación…
Mi novia se quedó callada, no supo decir nada. No se esperaba algo así por supuesto.
—Te dije que era algo que no podrías satisfacer —le dije riendo.
Pasó ese día y muchos días más y no se volvió a hablar del tema. Creí que ya estaba olvidado. Pero un par de semanas después, ella y yo estábamos en su casa, solos, viendo otra película porno y ella dijo:
—Darling, yo me cortaría una pierna si eso es lo que te excita.
Yo lancé una carcajada, creí que era uno de sus chistes, pero al ver la seriedad de su cara me di cuenta que la loca estaba hablando muy enserio.
—¡Jesús! ¡cómo se te ocurre decir eso! —grité.
—Si me los pidieras, lo haría con todo gusto porque te amo —dijo ella besándome la mano—, quiero cumplir tu fantasía mi amor.
—Mi vida —la besé en la frente—, es verdad que me gustan las mujeres a las que les falta un pedazo, pero a vos te quiero completa.
—Darling, voy a cortarme una pierna para cumplir tu fantasía.
—¡Que no! !Estás loca!
—Lo haré porque te amo.
—Dios, por favor ya no digás esas cosas.
—¿Qué pierna querés que me corte? ¿Izquierda o derecha?
La tomé por los hombros y le pegué una sacudida para que despertara de ese horrible trance de locura.
—Mirá —grité—, yo te amo y te quiero así, entera. Por favor, te lo ruego, dejá de decir disparates.
—Vos sabés que yo haría lo que sea por vos, lo que sea.
—Mirá, lo único que te pido que hagás por mí es que dejés de pensar y de decir esas cosas.
—Esta bien mi amor, yo no seguiré con eso.
Terminamos de ver la la película e intentamos tener sexo, pero mi mente estaba muy turbada y no pude excitarme jamás, mi pene era un montón de gelatina.
—Si me faltara una pierna, seguro la tendrías más dura que la de un toro —dijo ella suspirando.
Yo ya no supe decir nada. Me puse la ropa y me fui a mi casa.
Dejé de hablarle por varias semanas, no la visitaba y tampoco respondía sus llamadas, estaba demasiado alterado con mis propios problemas como para tener que lidiar con las locuras de mi novia. Yo necesitaba un pequeño respiro, sentir la calma, pero con ella todo era locura y estrés.
Después de varias semanas sin ella, al fin encontré la calma y volví a sentirme bien. Entonces creí que ya era tiempo de visitarla. A pesar de todo, me hacía mucha falta estar con ella, la amaba, era la chica más linda con la que había salido en mi vida. Fui a su casa a buscarla y me recibió su padre con un puñetazo en la cara que me hizo saltar dos dientes.
—¿Qué clase de hijueputa le pide a su novia que se corte una pierna? —gritó el viejo mientras me daba puñetazos en la cara, que ya la sentía bastante desfigurada.
Mi suegra al fin intervino e hizo lo posible por sacarme al viejo de encima, Dios la bendiga. Intenté levantarme pero no pude, el anciano tenía buena pegada, hubiese sido un gran boxeador seguro. Mi suegra me ayudó a levantarme y traté de explicarles que yo no tenía nada que ver con piernas cortadas. Me contaron que la pelirroja había enloquecido un poco más de la cuenta a causa de mi ausencia y creyó que la iba a dejar, y que la única forma en que yo volvería era si ella se cortaba una pierna. Sus padres estuvieron pendiente de ella en todo ese tiempo, sabían que ella era capaz de hacer locuras pero no tanto como para cortarse una pierna… así que un día la pelirroja tomó la moto-sierra de su papá, que en algún tiempo había sido leñador y se mutiló una pierna, la derecha. En el hospital los médicos hicieron los posible por salvar la pierna pero fue imposible y tuvieron que amputarla diez centimetros arriba de la rodilla.
Inmediatamente fui a visitarla al hospital, le llevé cuantas flores pude comprar y estuvo encantada de volver a verme. se veía maravillosamente en una pierna… era un hermoso muñón lleno de costuras y vendas. Se me puso tan dura como la de un toro cuando la vi. Cuando le dieron de alta en el hospital la llevé directo a mi casa y no pudimos esperar a que la herida terminara de sanar cuando ya habíamos empezado a coger. Lo hacíamos todos los días tres veces al día, el mejor sexo de mi vida.
Ella cumplió mi fantasía.

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