Categoría: Onírico

Me visto como quiera cabrón

Yo tenía un amigo, uno de los mejores; mi amigo Héctor. Héctor era todo un tipo con las mujeres. Nunca tenía problemas para salir con quien sea. Todas las nenas de la escuela se derretían por él. Todos los demás compas sentíamos una especie de envidia hacía Héctor el guapo.

Llegaron las vacaciones, Héctor y yo eramos vecinos, por eso eramos tan buenos amigos en la escuela, era una amistad de esas que vienen desde la infancia. Esas vacaciones Héctor se enamoró de la vecina nueva.
La chica nueva del barrio era una delicia, una mujerona como nunca habíamos visto ninguna en la escuela. Era una mujer de verdad, hecha y derecha.  A pesar de la fama de guapo de Héctor, la mayoría de nosotros sus amigos estábamos de acuerdo en que Héctor no podría conquistar a aquella mujerona.
Pero Héctor estaba enculado y dijo que haría lo imposible por conquistar a la nena nueva. El muy cabrón lo consiguió…

Pasaron las semanas y Héctor se sentía orgullosísimo de salir con la nena más rica del barrio, y no hablo de dinero.
La novia de Héctor se llamaba Lucía. Lucía era una de esas mujeres en las que uno piensa cuando se masturba. Una de esas mujeres que cuando las ves pasar por la esquina te encabritan la verga como ninguna. Lucía era una bomba al caminar, Dios, esa mujer no dejaba nada a la imaginación. Con esa forma de vestir que tenía esa mujer no había nadie en el barrio que no le hubiese visto el culo y las tetas. Yo me masturbaba varias veces al día pensando en las piernas de Lucía.
Lucía  siempre iba vestida como para un casting porno. Héctor en algún momento de desahogo me había confesado lo mucho que le molestaba e incomodaba que su novia se vistiera de esa forma tan provocativa. Claro, ella se veía fabulosa pero Héctor quería tener los derechos exclusivos de dicho espectáculo.
Yo como buen amigo le di mi consejo, le dije que una mujer así era un peligro ambulante y que no se la podía tomar en serio, le dije que cualquier día le reventarían la cara por culpa de esa jodida mujer. Pero mis palabras entraron por un oído y salieron por el otro. Héctor estaba enamorado.
Héctor esperaba impacientemente conmigo mientras Lucía terminaba de arreglarse y esas cosas. Estaba un poco encabronado porque ella siempre tardaba tanto y llegarían tarde cuando la película ya hubiese empezado.
Al fin apareció Lucía incendiando la calle con el movimiento de caderas que tenía, Dios, llevaba la falda más corta del mundo, pude ver sus bragas color rosa.
¡Dios mío que piernas!
—¿Por qué tardaste tanto? —Preguntó Héctor con enojo.
—Tenía que arreglarme el pelo, —dijo Lucía sacudiendo su larga y sedosa melena.
—¿Vas a salir así? —Dijo Héctor como con miedo.
—¿Cómo qué así?
—Con esa ropa digo. Mi amor te ves bien rica pero, no me gusta que todo el mundo te ande morboseando cuando vas por la calle.
—¡Yo me visto como quiera cabrón!
Héctor no supo que decir y se puso rojo de vergüenza. Yo aparté mi vista de su cara, no pude soportarlo, incluso yo me sentí avergonzado.
Los novios se fueron en silencio tomados de las manos. Me quedé viendo el culo de Lucía hasta que desapareció a la distancia. ¡Que culazo!
Vivimos en una de esas ciudades que están llenas de gente loca, una cuidad loca, uno no puede andar por ahí con una mujer semi desnuda y esperar que nadie le grité alguna obscenidad… eso fue precisamente lo que pasó que mi amigo Héctor y su deliciosa novia.
Iban caminando tranquilante por la calle camino al cine, Héctor y Lucía. Héctor iba con los puños bien apretados después de lo que le había dicho Lucía. Cuando caminaban entre la gente Héctor se daba cuenta que la gente se volteaba para verle el culo a Lucía, eso lo encendía. También a Lucía la prendía, parece que le satisfacía andar por ahí tentando a los demonios. Se deleitaba; la excitaba saber que los hombres la miraban con ojos de deseo…
Un par de cuadras antes de llegar al cine había un pequeño grupo de estudiantes de secundaria. Héctor les vio la pinta a lo lejos y supo que se avecinaba algo malo, pensó en cambiar de carril para evitarlos, pero sabía que Lucía pensaría que era un cobarde si hacía algo así, por lo que siguió su destino con resignación…
Cuando pasaron frente al pequeño grupo de diez estudiantes empezó la avalancha de obscenidades. ¡Dios mío, que no le gritaron a esa mujer! Le gritaron todos los piropos habidos y por haber. Héctor no pudo más, ya estaba desquiciado de tanta mierda, se detuvo y lanzó un horrible insulto hacia el grupo de estudiantes. Obtuvo una estruendosa burla, eso lo enfureció aun más y se regreso hasta el grupo y amenazó y empujó a un par de tipos… gran error Héctor, los muchachos se abalanzaron con puños y patadas sobre mi amigo Héctor y en cuestión de segundos  lo habían sodomizado a patadas. La gente en la calle miraba lo que estaba pasando pero nadie se metía, la gente seguía su camino con indiferencia, y los que se detenían era solo para ver la pijiada que le estaban dando a Héctor. Los muchachos se cansaron de patear a Héctor y se fueron, dejándolo tirado como un perro. Lucía había estaba viendo todo con un poco de susto, temía que Hector estuviese muerto o algo así. Pero Hector estaba de maravilla, solo había perdido tres de sus dientes. Lucía lo ayudo a levantarse y se quedaron un momento sentados, Lucía limpiaba dulcemente las heridas de su novio.
Hector no había dicho una palabra desde que se levantó, ya se sentía bastante recuperado. Lucía le hablaba pero el no respondía. Hector estaba encachimbado como nunca, se levantó de su asiento, Lucía al verlo también su puso de pie y preguntó que si aun tenía ganas de ir al cine o si mejor se volvian al barrio…
Héctor al fin abrió la boca y dijo:
—¿Ves lo que provocaste? Por tu culpa me han reventado a pija.
—¡No es mi culpa que te hayan dado una buena Hector! —gritó Lucía.
—Mirá —dijo Hector, mostrando los orificios donde anteriormente habían dientes—, mirá como me dejaron por salir con una puta como vos.
—Comé mierda cabrón, —Aulló Lucía y le dio una terrible cachetada, y no sintiéndose satisfecha le propinó otra y otra más.
Héctor se dejo cachetear y aruñar de la gata pero solo porque estaba recargando su cólera para lo que tenía planeado:
Héctor lanzó una izquierda tan rápida como un relámpago que dio de lleno en la mandíbula de Lucía, esta se tambaleo, las piernas le flaquearon, parecía que caía pero se mantuvo en pie, entonces con la misma rapidez Héctor lanzó en pequeño combo de tres golpes rápidos a la cara de Lucía, dos derechazos y el último de izquierda que mando a la lona a la pobre Lucía que estaba fuera del planeta con tanto golpe.
La gente que pasaba ahora si que estaba indignada con el tipo que le pegaba a una mujer, un par de tipos se acercaron y sometieron a Héctor dándole un par de buenos golpes en el estómago y la cabeza mandándole de nuevo a la lona … Héctor se dio cuenta de que esta vez ya no se podría poner de pie y gritó desde el suelo:
—¡Ahora si verdad hijos de puta! !Por qué cuando me estaba matando a pija esos estudiantes nadie se metió¡ Montón de hijos de puta.
—Por culpa de esa puta —siguió gritando—, por culpa de esa ramera he pasado hoy la peor vergüenza de mi vida.
La gente le respondió con insultos y le pidieron que se fuera antes de que llamaran a la policía.
Hector se largó de ese lugar, no quería ver a ningún policía de mierda así que se regreso al barrio y bebió toda la noche. Yo lo acompañé, era su amigo de parranda. Brindamos por las putas y eso.
Héctor me contó llorando que se sentía mal por haber pegado a una mujer. Yo le dije: “Héctor, yo le habría hecho lo mismo a esa cabrona.”

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Cumpliré tu fantasía

Un día conocí una chica en un hospital mental, sé que no es el mejor lugar para enamorarse, pero así es el amor, uno lo encuentra cuando no lo busca y en los lugares menos esperados. Yo estaba esperando a que me llamaran y ella también, ambos eramos atendidos por el mismo psiquiatra. Después de varios intercambios de miradas, ella fue la que habló primero, yo nunca lo hubiese hecho porque soy un cobarde.
Ella era todo lo que yo buscaba, la había estado observando desde hacía mucho, ella era una preciosidad de mujer; cabello larguísimo hasta el culo, rojo natural, Dios y olía delicioso… su piel era blanca, blanquísima, sus ojos dos planetas verdes que brillaban al verme.
Entonces empecé a platicar con la pelirroja más ardiente de la ciudad, hablamos de nuestros problemas mentales y de los efectos de todos los medicamentos que habíamos probado, los que te hacen sentir bien, los que mal, los que te hacen volar y todo eso. Ahí estábamos, dos chiflados enamorados en medio de un montón de locos.
Ella dijo que su problema no era tan serio, es más; que ni siquiera necesitaba ir al psiquiatra, y menos las pastillas, y si lo hacía era porque su madre la obligaba a asistir a cada cita. La verdad que ella se miraba bastante bien, de no haberlo dicho ella, jamás habría sospechado que hablaba con una esquiza.
El tiempo que en otras ocasiones es eterno en ese hospital, ese día se nos pasó volando a ambos, eso pasa cuando hablás con el amor de tu vida, y todavía más cuando se trata de cosas profundas como las que hablamos aquel día.
Intercambiamos números y seguimos en contacto después de aquel lindo día… Un par de semanas después ya eramos novios y nos amábamos a muerte.
Un día la invité a mi casa a ver un película, porno, estábamos acostados en mi cama con las luces apagadas viendo aquella película. Entonces mi novia que ya estaba bastante caliente me preguntó:
—¿Cuál es tu máxima fantasía sexual?
—Son muchas —dije yo.
—Sí, pero yo quiero saber la número uno, la que más te prende.
—¿Por qué querés saber?
—Porque quiero hacer realidad tu máxima fantasía sexual, sin importar lo que sea, estoy dispuesta a hacer lo que sea.
No pude evitar reírme.
—Mi amor, dudo mucho que vos podás hacer realidad mi fantasía, es algo que no está en tus manos hacer.
—Decime que yo soy capaz de hacer lo que sea por vos.
—Mirá, es algo que aunque quieras no vas a poder hacer.
—Te lo digo y te lo cumplo. Mejor dejá el misterio y decime de que se trata tu fantasía.
—Mirá, mi fantasía número uno es coger con una mujer a la que le haga falta una pierna, alguna amputación…
Mi novia se quedó callada, no supo decir nada. No se esperaba algo así por supuesto.
—Te dije que era algo que no podrías satisfacer —le dije riendo.
Pasó ese día y muchos días más y no se volvió a hablar del tema. Creí que ya estaba olvidado. Pero un par de semanas después, ella y yo estábamos en su casa, solos, viendo otra película porno y ella dijo:
—Darling, yo me cortaría una pierna si eso es lo que te excita.
Yo lancé una carcajada, creí que era uno de sus chistes, pero al ver la seriedad de su cara me di cuenta que la loca estaba hablando muy enserio.
—¡Jesús! ¡cómo se te ocurre decir eso! —grité.
—Si me los pidieras, lo haría con todo gusto porque te amo —dijo ella besándome la mano—, quiero cumplir tu fantasía mi amor.
—Mi vida —la besé en la frente—, es verdad que me gustan las mujeres a las que les falta un pedazo, pero a vos te quiero completa.
—Darling, voy a cortarme una pierna para cumplir tu fantasía.
—¡Que no! !Estás loca!
—Lo haré porque te amo.
—Dios, por favor ya no digás esas cosas.
—¿Qué pierna querés que me corte? ¿Izquierda o derecha?
La tomé por los hombros y le pegué una sacudida para que despertara de ese horrible trance de locura.
—Mirá —grité—, yo te amo y te quiero así, entera. Por favor, te lo ruego, dejá de decir disparates.
—Vos sabés que yo haría lo que sea por vos, lo que sea.
—Mirá, lo único que te pido que hagás por mí es que dejés de pensar y de decir esas cosas.
—Esta bien mi amor, yo no seguiré con eso.
Terminamos de ver la la película e intentamos tener sexo, pero mi mente estaba muy turbada y no pude excitarme jamás, mi pene era un montón de gelatina.
—Si me faltara una pierna, seguro la tendrías más dura que la de un toro —dijo ella suspirando.
Yo ya no supe decir nada. Me puse la ropa y me fui a mi casa.
Dejé de hablarle por varias semanas, no la visitaba y tampoco respondía sus llamadas, estaba demasiado alterado con mis propios problemas como para tener que lidiar con las locuras de mi novia. Yo necesitaba un pequeño respiro, sentir la calma, pero con ella todo era locura y estrés.
Después de varias semanas sin ella, al fin encontré la calma y volví a sentirme bien. Entonces creí que ya era tiempo de visitarla. A pesar de todo, me hacía mucha falta estar con ella, la amaba, era la chica más linda con la que había salido en mi vida. Fui a su casa a buscarla y me recibió su padre con un puñetazo en la cara que me hizo saltar dos dientes.
—¿Qué clase de hijueputa le pide a su novia que se corte una pierna? —gritó el viejo mientras me daba puñetazos en la cara, que ya la sentía bastante desfigurada.
Mi suegra al fin intervino e hizo lo posible por sacarme al viejo de encima, Dios la bendiga. Intenté levantarme pero no pude, el anciano tenía buena pegada, hubiese sido un gran boxeador seguro. Mi suegra me ayudó a levantarme y traté de explicarles que yo no tenía nada que ver con piernas cortadas. Me contaron que la pelirroja había enloquecido un poco más de la cuenta a causa de mi ausencia y creyó que la iba a dejar, y que la única forma en que yo volvería era si ella se cortaba una pierna. Sus padres estuvieron pendiente de ella en todo ese tiempo, sabían que ella era capaz de hacer locuras pero no tanto como para cortarse una pierna… así que un día la pelirroja tomó la moto-sierra de su papá, que en algún tiempo había sido leñador y se mutiló una pierna, la derecha. En el hospital los médicos hicieron los posible por salvar la pierna pero fue imposible y tuvieron que amputarla diez centimetros arriba de la rodilla.
Inmediatamente fui a visitarla al hospital, le llevé cuantas flores pude comprar y estuvo encantada de volver a verme. se veía maravillosamente en una pierna… era un hermoso muñón lleno de costuras y vendas. Se me puso tan dura como la de un toro cuando la vi. Cuando le dieron de alta en el hospital la llevé directo a mi casa y no pudimos esperar a que la herida terminara de sanar cuando ya habíamos empezado a coger. Lo hacíamos todos los días tres veces al día, el mejor sexo de mi vida.
Ella cumplió mi fantasía.

Las piernas de una puta

Dueña mía, ¿serías tan amable de ponerte una falda, bien corta, e inclinarte para mí?
Sí, esa que usabas en tus tiempos de colegiala…
Ahora, toma asiento en esa silla y cruza la piernas bien alto para mí. Un poco más alto por favor.
Cariño, ¿me dejarás contemplar la desnudez de los dedos de tus pies? Mi amor ¿puedo olerlos? ¿me dejarás lamerlos y chuparlos?
Querida voy a chupar los dedos gordos de tus pies como si fueran bombones.
Voy a manosear con mi lengua la voluptuosidad de tus piernas, no quedará rincón en tus piernas que no haya sido mojado con la humedad de mi saliva.
Mi vida, mi amor, esta noche voy a cogerte por los pies…

Soñando con famosos

Algo que me encanta de los sueños lúcidos es la posibilidad de soñar con ricos y famosos. Tampoco es que sea algo exclusivo de los sueños lúcidos; también pasa con los sueños no lúcidos, pero en estos usted no es dueño de lo que hace o dice, eso queda al azar… por eso los sueños lúcidos no tiene igual.
A lo largo de los tiempos, desde que aprendí a tener sueños lúcidos, he soñado con muchos personajes famosos, y si a usted le ha pasado, sabrá que no exagero cuando digo que la “experiencia es casi religiosa”.
Estos son algunos de los personajes con los que he soñado:

  • Ana Frank
  • Salvador Dalí
  • Pablo Picasso
  • Ernesto Che Guevara
  • Fidel Castro
  • Axl Rose
  • Slahs
  • Marilyn Manson
  • Dulce María
  • Natalie Mars
  • Sarina Valentina
  • Messi
  • Henry Chinasky
  • Goku
  • Vegeta
  • Shenlong
  • El hombre Araña
  • Enrique Bunbury
  • Emma Stone
  • Mario Bros
  • Jimi Hendrix
  • Bob Marley
  • Sub zero
  • Scorpion
  • La Maga
  • Aldous Huxley

Bueno, esos son algunos, pero son muchos más, solo es para que tengan un ejemplo del tipo de personajes con los que me relaciono.

Mi primer amor

Salté de una montaña y empecé a volar por el bosque, pero no era un vuelo muy controlado que digamos, era mas bien como una hoja al viento, entonces traté de relajarme porque estaba muy tenso y paranoico, logré tranquilizar mis nervios y empecé a descender lentamente, aterricé en la punta de un pino, el aire movía el árbol con violencia, pero yo ya estaba tranquilo, nada podía arrebatarme la paz espiritual que acababa de conseguir. Desde la punta de aquel pino, que era el más alto de todos, se podía ver todo el panorama, precioso paisaje adornado de flores y cascadas. Vi a mi ex novia, mi primer amor, iba caminando sola y triste por un sendero, iba deshojando una flor, le grité, ella me vio y me hizo señas que bajara a donde ella.
—¿Dónde aprendiste a volar?  —Preguntó ella con gran sorpresa.
No le respondí.
Ella estaba muy linda, como en sus mejores tiempos, en la flor de su juventud, nunca estaría tan linda como en aquellos días en que fue mi novia…
Nos abrazamos fuertemente, hacía mucho que no nos veíamos. La besé con ternura, ella dijo que aún me amaba, la volví a besar para cerrar su boca y que dejara de decir esas cosas a las que yo no sabía que responder. Nos besamos largo rato hasta despertar.

Fantasía

Fantasía

Acabábamos de salir de una fiesta loca e íbamos camino a otra. Me acompañaban cuatro damas y un borracho. caminábamos lentamente por el centro, íbamos un poquito borrachos, de vez en cuando nuestro amigo el borracho se detenía en alguna esquina y soltaba una vomitada. Llevé a mis amigos a una vieja casa de putas que conocía desde hace mucho tiempo atrás, era un pequeño y clandestino burdel ubicado en el centro de la ciudad. Para llegar a el había que pasar por laberínticos callejones, algunos sin salida, nos perdimos un par de veces, pero luego divisé la casa que nos esperaba. Era una casa de madera a punto de derrumbarse.
Les dije a mis amigos que me esperaran un momento mientras iba a ver quien se encontraba en la casa. subí por  un oscuro callejón y luego unas escaleras que llegaban hasta una puerta rosada, toqué, me abrió una puta, entré y saludé a dos putas más que se encontraban en aquel cuartucho. Las tres chicas estaban medias desnudas y cada una estaba en su propia cama, las tres putas tenían un par de kilos de más. En una esquina había un tipo fumando, él se encargaba de cuidar de ellas, era el padrote, lo saludé con la cabeza, el no me devolvió el saludo, era un tipo rudo. Les dije que traía compañía, buenos invitados, buenos clientes dispuestos a comprar coca por montones. Entonces obtuve permiso de pasar a mis invitados; fui por ellos y desde el callejón les hice señas de que me siguieran. Subimos las escaleras y los invité a pasar, pude ver que dos tipos nos echaban unas miradas bastante inquietantes, los quedé viendo con mi peor cara y cerré de un portazo. Entonces me quedé observándolos desde el ojo de pez de la puerta, avisé al padrote de que afuera habían un par de tipos raros con pinta de polis. El padrote empezó a lanzarme maldiciones mientras espiaba nerviosamente por la puerta, dijo que tenía la casa llena de cocaína y que sin nos atrapaban nos caerían como cien años de cárcel… los tipos caminaron en dirección a nuestra casa pero se desviaron y entraron en una vieja casa que según el padrote, era el centro de reunión de algunos homosexuales, entonces ya todos nos sentimos mucho más tranquilos y dejamos de espiar por la puerta.
La fiesta empezó en el pequeño burdel, las luces se apagaron y el telón subió… aparecieron dos títeres, uno era Enrique Bunbury y la otra era Mercedes Ferrer. Empezaron a cantar mientras bailaban, era una canción inédita porque no recuerdo haberla escuchado jamás, casi me explotó la cabeza tratando de recodar la letra de esa canción, pero no puedo recordarla, nada, creo que es una de esas canciones que solo se pueden escuchar en los sueños.
Entonces estábamos el burdel viendo un show de títeres. Las putas estaban bastante emocionadas, les brillaban los ojos. Bunbury flotaba, Mercedes volaba, jugaban como mariposas enamoradas mientras cantaban… los títeres se juntaron, se besaron, y de esa unión nació una flor. Era una flor roja, preciosa, la flor flotaba… la música se fue apagando gradualmente hasta quedar en un total silencio, entonces las putas rompieron el silencio con gritos y aplausos, el telón cayó.
Fue una gran noche en el burdel ambulante.

La vagina más húmeda y estrecha del planeta

Desperté después de una noche de sueños lujuriosos, siempre soñando con shemales y homosexuales, me desperté realmente caliente, tenía tan templado el pene que me dolía. Creo que ni metiendo la pija en la en cubo de hielo hubiese frenado esa jodida erección. Creo que fue algo muy parecido al viagra, es una parazón incontrolable. Tenía unas ganas horribles de dar una meada, me levanté medio grogui y caminé hasta el baño y solté un chorro de amarillentos meados en el cagadero. Fui difícil dirigir los orines hacia el cagadero porque con el pene tan templado no podía darle la mejor dirección y la mitad de los orines fueron a parar fuera del  lugar.
Mientras orinaba recordaba la gigantesca vagina con la que también había soñado, era una enorme vagina de veinte pisos de altura. Era la vagina más húmeda del mundo, chorreaba tanta agua como una cascada. Hombres y mujeres se arremolinaban bajo la cascada peleándose por obtener el mejor chorro, abrían la boca para que el agua entrara por su garganta, parecía que el agua de vagina los embriagaba y entraban en una especie de trance cósmico. Mierda, yo quería en trago de esas aguas.
Terminé de orinar y regresé a mi cama, aún tenía el horrible temple en el pene. Creí que la única forma de deshacerme de esa erección sería con una buena paja, entonces empecé a meneármela mientras imaginaba aquella gigantesca vagina bañándome con sus aguas, luego encogiéndose hasta un tamaño normal y sacando un par de buenas piernas bien piernudas. Entonces allí estaba yo, tratando de meterla en un cuerpo a la mitad; un cuerpo de la cintura hacia abajo, era extraño sí… pero el placer era enorme.
Las piernas se enroscaban en mi cintura y me apretaban con mucha fuerza, yo pujaba con todas mis fuerzas pero no entraba, era un hoyo muy pequeño, un agujero pequeñísimo y mojadísimo… yo sudaba y pujaba y mi pene no entraba, estaba cansadísimo, ya no podía más. Era tan estrecho que no podía entrar, nadie podría entrar… entonces dejé de intentarlo y me concentré en arrimársela en las piernas, la metí entre su piernas y empecé a menearme, rico, al fin lo conseguiría. Acabé en aquellas largas y musculosas piernas… pero, mi pene aún seguía encabritado, había acabado y mi pene aún seguía con el mismo temple, ¿era una erección infinita? Me entraron los nervios, creí que moriría si no lograba bajarle la lujuria a mi pija, entonces corrí al refrigerador y saqué una botella de agua muy helada y me mojé el pene con un buen chorro, nada, no funcionaba, entonces me envolví el pene con hielo, quemaba, me ardía horrible no pude soportarlo y tuve que quitarlo. El pánico se había apoderado de mí, y todo por esa jodida vagina húmeda y estrecha, era la culpable de mi descabellada erección y de la locura de mi pene. Entonces volví a masturbarme, y otra vez lo hice pensando en la estrechez de aquella vagina, esa vagina me tenía embrujado, a pesar de sus males, no podía sacarla de mi cabeza… está vez me costó mucho más acabar, creo que tardé como treinta minutos en terminar, fue un horrible espasmo que sacudió todo mi cuerpo, apenas saqué un par de gotas de semen, me había quedado vacío con la primera acabada.
Pero ni con una segunda acabada logré bajarle a mi excitación y aún la tenía parada, incluso más templada que antes, mis nervios estaban a flor de piel, ya no había nada que hacer, moriría si no hacía algo pronto. Fui hasta el sótano y tomé el machete más filoso de la ciudad, tan filoso como una katana Hattori Hanzō, acomodé mi pene erectísimo sobre la mesa, no se dejaba, siempre se paraba hasta pegar en mi ombligo, entonces tuve que sujetarlo de la punta con una mano… levanté el machete, cerré los ojos y solté un filazo con todas mis fuerzas. Corté el pene del pegue… el machete era tan filoso que ni siquiera sentí dolor, al menos al principio, pero después de ver desprendido el aparato de mi cuerpo y ver los chorros de sangre por todas partes empecé a sentir un jodido dolor, o ardor, o ambas cosas multiplicadas por mil. Caí al suelo convulsionando de dolor y salpicando sangre como una manguera… cuando desperté estaba en un hospital, me habían salvado, mi madre me había encontrado desangrándome en el piso y había llamado a la ambulancia…
Dicen que mi pene aún después de cortado seguía bien templado… se quedó así para siempre; lo conservo en una botella, es un lindo recuerdo.

Día de suerte

Hay un velorio en el barrio, se escuchan las campanas resonar por todo el barrio. Había un montón de gente en las calles, gente que me resultaba muy familiar pero que realmente estoy seguro de no conocer en absoluto, cuando me cercaba a ellos todos tenían la cara borrosa, como derretida. Crucé un callejón atestado de gente que tomaba café con guaro, les pregunté que a quién estaban velando, ninguno respondió. Seguí mi camino a paso lento, estaba un poco borracho no lo niego, creo que había bebido algo de guaro. Entonces voy caminando y veo un billete de cincuenta pesos en la calle, mierda, doy un salto antes de que el viento se lo lleve y le pongo un zapato encima, lo agarro y veo a todas partes para percatarme de que nadie me haya visto y aparezca un listo diciendo que el dinero es suyo, lo guardo. Dos pasos adelante me encuentro otro billete, ahora un de viente, ¡que día! y cuando creí que había llegado al colmo de mi suerte veo un billete de quinientos rodando por ahí esperando a ser cogido… entonces tenía ese montón de dinero en la mano y una gran emoción que hasta me palpitaba el corazón con tanta alegría. Estaba pensando en todo el guaro que bebería con ese pisto, era tanto dinero que podía darme el lujo de invitar a todos los borrachos de la cuadra y beber a tiempo completo por al menos doce días. Pero uno es egoísta y entonces mejor me lo chupo yo solo, dije. Decidí que ya que era viernes, me bebería los setenta pesos en guaro, porque ya andaba un poco picado. Fui al estanco y compré un par de litros de tatascán, me puse un poco exquisito y me dieron ganas de una boquita, compré un pollo frito y como cincuenta tortillas… así es como se debe beber, como Dios manda, bien alimentado. Iba a ir a mi casa a emborracharme pero tuve miedo de encontrarme en el camino con los borrachos del barrio y que me vieran con todo aquel material que llevaba encima, entonces mejor cambié de camino y me dirigí hasta el parque. Eran las siete de la noche y el parque ya estaba lleno de putas y travestís, las putas estaban todas muy ricas pero no se compara con sensualidad de las chicas trans. Me fui con una flaca hasta el burdel, dijo que me daría un buen precio…
Entramos en apestoso cuarto y la flaca se sacó la ropa, toda, tenía un pene bastante grande. La flaca se arrodilló y empezó a chupármela, pero a mí no se me paraba, ella le daba y le daba a la lengua y nada que funcionaba. Entonces ella se paró y me arrodilló a mí, a ella si se le había parado. Empecé a hacerlo, cada vez se iba poniendo más tensa dentro  de mi boca y de vez en cuando vibraba. La flaca si que estaba muy excitada, me levantó del pelo y me tiró en la cama, me bajó los pantalones y empezó a meterme esa cosa por atrás, mierda, yo estaba borracho, indefenso. Ahora sí que se me había parado. Ella lo metía cada vez mas profundo y cada vez se sentía más rico, entonces sentía que me venía, entonces sentí el chorro salir y derramarse en la cama… nunca había terminada sin haberme meneado el pene, no sabía que te podías venir metiéndote algo por atrás… la flaca la sacó y lanzó su chorro sobre mi espalda.
—Por cien más puedo conseguirte otro polvo, uno mejor que este —dijo la flaca.
saqué cien y se los entregué, ella los doblo y guardó con gran cuidado en su carterita, y con el mismo cuidado y paciencia sacó una bolsita repleta de polvo. Ella cortó cuatro rayas, ella era experta en el arte de cortar coca. Dos para ella y dos para mí… un rato después nos sentíamos bastante animados, destapamos el pollo y nos comimos mitad cada uno, y nos bebimos medio litro de guaro.
—Sí me das lo que te queda de dinero podemos echar otro polvo, —dijo la flaca.
Le di lo que me quedaba y esta vez fui yo el que se la metió a ella.

La isla

Cerré los ojos y empecé a imaginar que mi casa estaba a la orilla del mar… me quedé dormido y desperté en mi sueño. Aún estaba en mi casa, me levanté de la cama y caminé hasta la ventana, afuera estaba la playa, el cielo totalmente despejado de nubes y solo podías escuchar el sonido de las olas en una playa desierta. La brisa del mar rociaba mi cara y la besaba suavemente. —Mierda —dije—, de este no quiero despertar.
Salté por la ventana y la arena me recibió como algodón, la arena era blanca y estaba tibia, mis pies descalzos nunca habían pisado lugar más agradable en mi vida. Caminé hasta la orilla donde las olas espumosas mojaron mis pies y me senté, eché un vistazo a mí alrededor y pude comprobar que estaba totalmente solo en una isla; era una isla pequeña y hermosa. Me recosté de espaldas en la arena, el sol estaba en lo más alto, podía verlo sin que su luz dañara mi vista. Algunas olas empezaban a llegar un poco más allá de mis pies y empezaban a mojar casi todo mi cuerpo. Me puse en pie y camine hasta la casa, eché una última mirada a aquella playa de ensueño y me acosté mojado en la cama, estaba llorando, me sentía tan triste de tener que estar solo en un lugar tan precioso…