Categoría: Literatura

Con mano de hierro

Con la misma pasión y devoción con la que un alfarero moldea su pieza de barro, así deslizaré mis manos sobre tus pechos, mis manos estarán húmedas del sudor de cuerpo que se derretirá cual hielo al sol, gotas cristalinas y saladas de sudor rodando lentamente  por todo tu cuerpo, dejando a su paso las huellas de tu excitación, ellas también disfrutan el contacto, la caricia de tu piel, y qué no darían por por detenerse eternamente en la suavidad de tu piel. 

Manosearé, apretujaré tus pechos con gran vicio, morderé tus pezones tan fuerte que te escucharé gemir. Mis manos dejarán de ser de alfarero para convertirse en las de un herrero, entonces sentirás toda la potencia de mis brazos de hierro. Sentirás el fuego, la ardiente llama que devorará tu cuerpo, derritiéndolo muy lentamente como la llama a la vela mientras mi espelma se derrama.

Tu cuerpo crepitará con cada golpe de mi martillo, haciendo temblar cada parte de tu cuerpo… el cosquilleo entre tus piernas será tan intenso que tus piernas se abrirán como una flor al sol, entonces beberé el néctar, el jugo agrio amargo de tu hermosa y delicada flor.

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Gracias

Beto siempre había amado los libros, ellos y la música eran sus más especiales amigos. Beto leía mucho, también escribía mucho. Beto era un escritor indie, un escritorzuelo, tenía buen gusto por el arte, pero eso no significaba que su arte fuera bueno…

Beto era un enamorado, un romántico, tanto así que le escribió un libro a su novia y se lo regaló el día de su cumpleaños de ella. Ella hubiese preferido chocolates claro, para ella los libros no eran tan importantes como para Beto, ni hablar de un libro que lo había escrito un don nadie llamado Beto.

Suyapa, así se llamaba la novia de Beto, ella cogió el libro y dijo estar muy alagada y emocionada por aquel humilde regalo.  “Es el regalo más lindo que me han dado”, gritó. Beto Estaba delirando de emoción porque Suyapa leería el libro que le había escrito, y se daría cuenta del enorme talento que tenía por novio. Pero, pasaron los días, las semanas y los meses y Suyapa no terminaba el libro, y siempre evitaba el tema…

Beto dejó de esperar,  se sintió herido en el alma, nadie lo había dañado tanto. Beto se sentó en su escritorio y le redactó la siguiente y última carta a Suyapa:

Gracias mi amor, gracias por haber tenido mi libro (tu libro) por más tres meses y no haberlo leído. Pero gracias por comentar las primeras tres páginas conmigo, gracias por decir que te pareció un libro interesante hasta donde habías llegado, aunque ni siquiera sé si deba creerte… cuando me dijiste que era el mejor regalo y más original que habías recibido en tu vida, creí que de verdad así lo era, pero no, parece que solo era para alegrarme un poco ese día en que seguramente yo andaba un tanto depresivo. ¡Que lindo gesto mi amor! Seguro ese día me hubiese suicidado… gracias por estar ahí y evitar la pérdida de tan gran talento de escritor.
Si pensabas que mi libro (tu libro) era una mierda debiste haberlo dicho desde un principio, pero no, ni siquiera dijiste eso, en lugar de eso dijiste que era un buen libro pero que no habías tenido el tiempo para leerlo y terminarlo, y eso fue peor que escuchar que mi libro (tu libro) era una mierda porque sé que tuviste tiempo de sobra para leer esas malditas veintiséis mil palabras.
No puedo seguir con vos ni un minuto más, terminamos. Adiós. 

Beto puso punto final a la carta y la metió en un sobre. Al siguiente día se vería con Suyapa y le entregaría la carta.

Se encontraron en el lugar de siempre, Suyapa dijo tener mucha prisa así que Beto le entregó la carta, Suyapa la guardó en su cartera y de esa cartera sacó un una pequeña caja envuelta en un moño que le entregó a Beto, este se sorprendió mucho con el regalo que se quedó sin palabras. Suyapa se despidió de él sin dejarlo hablar y le recomendó abrir el regalo hasta llegar a su casa.

Beto llegó a su casa y tiró la caja en su escritorio, no estaba interesado en los regalos de Suyapa, “seguramente es alguna estupidez decorativa, o algo por el estilo”, pensó.  Se acostó en su cama y se durmió. A la mañana siguiente se despertó a eso de las once de la mañana, se sentó en su escritorio para escribir algo y vio la caja que le había dado Suyapa. La curiosidad lo venció y abrió el regalo. Dentro de la caja había una pequeña libreta rayada de principio a fin con el puño y letra de Suyapa… en medio del libro venía una carta que decía:

Beto, mi amor, quiero decirte que tu libro, el libro que escribiste para mí es maravilloso, es lo más lindo que jamás he leído, yo sé que no soy como vos que lee muchísimo y sabe mucho sobre literatura, pero no me importa, creo que puedo decir que tu libro es de los mejores del mundo. Y si no te lo había dicho era porque quería darte una sorpresa, quería darte la sorpresa de escribirte un libro como vos a mí, te escribí este libro a puño y letra porque quería darte un regalo tan grande como el que vos me diste a mí… Yo no sé mucho de escribir y he leído casi nada pero me las arreglé para escribirte este libro, quizás no sea tan bueno como el tuyo, pero te lo escribí con todo el amor del mundo. 

Beto te amo.  

 

Otra carta de amor

Otra carta de amor

Juana, mi amor.

Querida, quería decirte que se pone la verga en órbita de solo pensar en tus piernas, te digo que la siento retorcerse como la cola que ha sido desprendida de su lagartija, es un meneo terrible, me sacude todo el cuerpo como un terremoto de más alta escala de Richter.

Juana cuando veo tu meneo por la esquina, tu taconeo, soy victima de un palpitación terrible, la verga se me empieza a encabritar, es casi como montar un caballo loco, es un convulsión imparable, una locomotora sin frenos directo al precipicio. Te digo que tengo que sujetar mi caballo con ambas manos y con todas mis fuerzas para que no se escape de su jaula y trate de introducirse en la tuya, que por supuesto, es más linda y cómoda.

Juana, mi amor, mi pequeña flor, yo sé que esta sin duda es la carta de amor más extraña que has recibido en tu vida, lo sé. Pero es que no sé expresarme de otra forma, escribo las cosas como las pienso, y te digo que solo pienso en cogerte. Te deseo con locura, y si no aceptás salir conmigo, juro por la Virgen que voy a saltar de algún puente para ahogarme en el río, y sobre tu conciencia pesará que yo haya fallecido.

Juana te amo.

Siempre tuyo Macario.

Caminando con Zaratustra

Caminando con Zaratustra

Salí corriendo de la ciudad en cuanto tuve oportunidad, necesitaba alejarme de la mierda; de las personas pues. Me dijeron de un viaje a las montañas y no perdí la oportunidad…
Subí entre montañas, caminé a la orilla del río, bebí agua del río… me bañé en el río. También me drogué en el río… y me quedé dormido a la orilla del río.
Necesitaba dormir para recuperar las energías y escalar la montaña, la gran montaña. Cuando desperté me sentí mucho mejor, bastante bien, con hambre pero bien. Intenté pescar en el río pero no conseguí sacar nada. Me volví a drogar.
Abajo en el río lo vi venir, era viejo y desaliñado, caminaba muy despacio, casi parecía venir flotando. Cuando estuvo frente a mí se presentó diciendo que era Zaratustra, se sentó frente a mí con las piernas cruzadas como lo hacen los budas. Le dije que tenía hambre y me invitó a comer. Sacó dos panes de entre sus ropas y me los ofreció. Yo los devoré en el acto, era un pan simple pero me gustó su no sabor.
Zaratustra me preguntó qué hacía en las montañas, le dije que era un hombre que buscaba la paz. Al escuchar eso Zaratustra se puso de pie y me pidió que lo siguiera. “ven,dijo, caminemos por el río y subamos la montaña hasta mi cueva”. Yo lo seguí como un perro sigue a su amo. Caminamos largo rato en silencio hasta que al fin Zaratustra me preguntó:
–¿A qué te dedicas muchacho?
–Soy escritor y malabarista –contesté casi con vergüenza.
–Yo conocí una vez un malabarista –respondió Zaratustra–, fue mi primer discípulo.
–También quiero ser tu discípulo, –dije.
Zaratustra no respondió, me miró de soslayo y siguió caminando en silencio.
Llegamos a la cumbre de la montaña silenciosa y Zaratustra me invitó a pasar a su cueva con el resto de sus amigos que ahí le esperaban…
A la mañana siguiente, desperté muy tarde, era casi el medio día. La cueva estaba vacía, no estaba Zaratustra ni el resto de los superhombres. Bajé de la montaña convencido de haberme transformado también en un superhombre…

Paranoico

He escrito un libro, un desquiciado libro. Cierta editorial está pendiente de revisarlo y de decirme que no pueden publicar un libro como ese, sí, que de ninguna manera van a publicar libros con contenido misógino, que su prestigiosa editorial no contribuirá a divulgar una obra escrita por un vulgar vagabundo.
Bien, esta bien. Pero déjenme decirles que su prestigiosa y respetable editorial se arrepentirá de no haber publicado la obra de un genio como yo. Ese libro que escribí es un diamante, un lucero, una fuente de dinero.
Sí, este país es demasiado pequeño para alguien tan grande como yo, necesito mudarme de país o de planeta, necesito encontrarme con gentes o seres que sepan del arte, que sepan apreciar la buena mierda. Escribí ese libro para mentes abiertas y flexibles, lo escribí para mí.

El escritor fracasado

El escritor, el gran escritor, se quedó sin su principal instrumento de trabajo; perdió su computadora, la perdió en la casa de empeños, donde se encentran una gran cantidad de objetos que algún tiempo fueron suyos, libros, radios, celulares, relojes, zapatos…
–¡No importa¡ –Gritó el escritor fracasado, chocando sus gruesos puños en su viejo escritorio que apenas soportó el poderoso golpe–.
Una computadora es un instrumento importante para un escritor, pero para nada es imprescindible, sí, así pensaba el gran escritor; el escritor fracasado. Tenía papel y lápiz, pensó el escritor, tengo cerveza y cigarros. ¡Qué más se puede pedir!
Tengo papel y lápiz, se repetía una y otra vez el escritor fracasado, tenía papel y lápiz pero nada que escribir…

El escritor fracasado cerró su diario después de leer las penurias de las últimas semanas y lo tiró por sobre su cabeza sin importarle donde fuese a caer. El diario que era un manojo de páginas amarillentas y sueltas en un folder se desparramó por el piso sucio de su pequeño cuarto.
El escritor fracasado se quedó inmóvil en su escritorio viendo sin ver en dirección a lo que quedaba de su último cigarro en el cenicero, dio el último trago a su cerveza y salió a comprar más cerveza.
El escritor, el gran escritor, la gran promesa de la novela corta llegó de madrugada a su casa con la firme intención de suicidarse, estaba borracho de cerveza y deprimido. El escritor fracasado colgó una cuerda en el techo de su casa para ahorcarse, se subió a una silla y se anudó el cuello con fuerza, y sin pensarlo dos veces saltó de la silla, la cuerda no resistió su sobre peso y se rompió,  el gran escritor cayó desmayado de borracho en el piso sobre las páginas de su triste diario…
Era la quinta vez que fracasaba un intento de suicidio… incluso el escritor fracasado llegó a pensar que era inmortal.

¿Artista o vagabundo?

Hace rato que quería irme lo más lejos posible de mi jodida casa, sí, ya no aguantaba tanta mierda, un hombre necesitad liberta. Un hombre quiere hacer lo que quiera sin que le estén renegando cada mierda que hace. Bueno, ellos (mis padres) tenían razón, si quería vivir bajo ese techo tenía que seguir ciertas estúpidas reglas.

–Sí vas a vivir en esta casa vas a hacer lo que nosotros digamos, acá no queremos vagos –gritó mi papá, traicionándome  de un brazo mientras yo trataba de romper el celular que tenía en mi mano.
Mi mamá lloraba en una esquina, también estaba encabronada conmigo, sí, ella también me mandó a la mierda.
–¡Me voy a la mierda de esta casa! –les grité a los dos.
Subí a mi cuarto y empecé a hacer maletas sin saber para dónde ir… llené mi mochila con lo indispensable; un par de calcetines, dos calzoncillos, tres pares de camisas y un pantalón. Bueno, a eso debemos sumarle la ropa que llevaba puesta.
Hice maletas y salí como un rayo de esa jodida casa, sí, al fin la libertad que tanto deseaba, sí, un paso hacia la independencia… ¡que emoción! a la mierda con ustedes dos grité en mi mente. ya me las arreglaré por mi cuenta, ¡creen acaso que no podré vivir sin ustedes!

Darling, ¿pero de qué vas a vivir queridín? ¿Acaso pensás que vas a vivir de lo que escribís, de tus pinturas raras y tus malabares?
Mi tía me recibió con los brazos abiertos claro, pero yo sé que eso no será por mucho tiempo… un hombre come, bebe, caga… todos esos son gastos y yo apenas traigo un par de pesos en la bolsa.
Me hicieron espacio en un sofá viejo, pero duermo de lo lindo en el, claro, con clonazepam hasta en la piedras dormiría de lo lindo.
En todo este tiempo he estado pensando en cómo obtener dinero… todo el mundo piensa que debo trabajar, cortarme el pelo, la barba, vestirme de charol como esos capullos que van los domingos a la iglesia. He estado pensando que quizás sea posible ganar un par de centavos con mi arte… sí amigo, dicen que mis pinturas no son tan malas, y no sé, quizás podría pintar un poco y ver que pasa. También está lo de escribir, pero dudo que gane un centavo con la mierda que escribo. intenté poner un botón de donaciones a este blog, pero no pude a pesar de haber visto más de diez tutoriales… bueno, escribí también dos libros, y las personas que lo leyeron y lo están leyendo dicen que es cosa buena… pero, ya saben, es difícil publicar una mierda, y más aun cuando eres un sin nombre…
Bueno, he estado practicando duro con los malabares, creo que aun no sé tantos trucos, pero lo que falta por aprender lo aprenderé en el camino. Un día de estos voy a salir con mis pelotas y me pondré bajo una luz roja y empezaré a jugar mis malabares y a ver que pasa… nunca lo he hecho pero la ocasión lo amerita, sí un día de estos saldré un par de horas y espero conseguir lo suficiente para comer y llevar algo de ganancias para aportar en la casa en la que me estoy quedando.
Así empieza una nueva etapa de mi vida, mis familiares creen que soy un vago, mis compas de la universidad piensan que soy un artista… no sé si voy a poder seguir estudiando… no sé por qué mi familia no entiende que yo no soy un obrero, yo soy un jodido artista, ¡soy escritor, pintor y malabarista!

El fuego

Yo no fumo pero siempre ando fuego… sí amigo, el fuego nunca le debe faltar a un hombre. Un hombre sin fuego es como el ave sin alas; como un revolver sin balas…
Yo estaba en el lugar de siempre, haciendo lo de siempre: leer, ¡qué sería de mí sin los libros! ¡Quién me acompañaría entonces en aquellas desoladas tardes!
Era uno de esos libros de los que no se les puede quitar el ojo de encima, sí, era un libro Nietzsche. Yo estaba absorto en aquel libro; era un tomo de poesía, yo lo leí y fingía que lo entendía, me gusta pensar que entiendo la filosofía de los superhombres. Empecé a leer en voz alta un verso que me gustó mucho, fue cuando se me acercó ella; una mujercita muy bonita y me dijo que era uno de sus poemas favoritos, y se sentó a mi lado, sacó un cigarro de su chaqueta de cuero y me pidió fuego… el fuego, así es amigo, el fuego nunca le puede faltar a un hombre.
–Con este viento –dije–, se nos apagará la llama.
–Vamos a otro lugar –dijo ella–, me tomó con fuerza del brazo me condujo a grandes pasos por la calle, ella un paso delante de mí claro. Llegamos a un tugurio y entramos en una casa que parecía a punto de caerse. Pero era un buen lugar; oscuro y protegido del viento, un lugar donde la llama no se apagaría e incluso brillaría. Así fue.