Mes: febrero 2018

Con mano de hierro

Con la misma pasión y devoción con la que un alfarero moldea su pieza de barro, así deslizaré mis manos sobre tus pechos, mis manos estarán húmedas del sudor de cuerpo que se derretirá cual hielo al sol, gotas cristalinas y saladas de sudor rodando lentamente  por todo tu cuerpo, dejando a su paso las huellas de tu excitación, ellas también disfrutan el contacto, la caricia de tu piel, y qué no darían por por detenerse eternamente en la suavidad de tu piel. 

Manosearé, apretujaré tus pechos con gran vicio, morderé tus pezones tan fuerte que te escucharé gemir. Mis manos dejarán de ser de alfarero para convertirse en las de un herrero, entonces sentirás toda la potencia de mis brazos de hierro. Sentirás el fuego, la ardiente llama que devorará tu cuerpo, derritiéndolo muy lentamente como la llama a la vela mientras mi espelma se derrama.

Tu cuerpo crepitará con cada golpe de mi martillo, haciendo temblar cada parte de tu cuerpo… el cosquilleo entre tus piernas será tan intenso que tus piernas se abrirán como una flor al sol, entonces beberé el néctar, el jugo agrio amargo de tu hermosa y delicada flor.

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Cagando palabras

Cagando palabras

Necesito confesar una cosa; un hombre necesita sacar lo que lleva dentro, eyacularlo, vomitarlo, en el peor de los casos, cagarlo, creo que este es mi caso, siento que estoy cagando. Así es. Quería confesar que siento una terrible repugnancia por la gente común y corriente, debo confesar que odio a la juventud de la cual soy contemporáneo, odio sus malditas modas, su falta identidad, sus falsos valores, sus estúpidas fotos con lengua y orejas de perro en todas partes. Me descontrola los nervios ver sus “memes” de mierda por todas partes, parece que carecen de creatividad para escribir una mierda por cuenta propia, todo lo que comparten es una hedionda cagada verdosa.

Debo confesar también que me asquean las mujeres decentes, comunes y corrientes; yo soy un hombre de putas y travestis. Así es, las putas si saben como comportarse en una fiesta, ellas si saben como mover el bote, a ellas no les importa quien las esté viendo o escuchando, las putas se tiran un pedo y se cagan de la risa, se  sacan los mocos y se los limpian en su camisa… Dios, creo que nunca podré salir con una mujer decente, me gustan las mujeres paranoides, las adictas, las subnormales, las esquizas…

Estoy un poco jodido en este momento, me sentiría mejor con una raya entre las cejas, o quizás aún mejor con una bala entre las cejas.
Les deseo un puto feliz fin de semana, ¡ah, y que vivan las putas y los travestis!

La mujer de mis sueños

La mujer de mis sueños es anglosajonamente blanca, su cabello africanamente rasta, negro, sus ojos rasgadísimamente amarillos, como recién fumados… ella es revolucionariamente indígena; ella ama por igual a hombres y animales, ella es una con la naturaleza. Ella alaba al Creador cada día de su vida y le ofrece alabanzas con su linda voz de cuna.
(Una pausa para fumar).
La mujer de mis sueños es un hermoso lienzo tatuado de pies a cabeza con flores y rosas, elefantes y leones. Ella es estilo puro, y la moda y el maquillaje le importan un carajo, ella tiene estilo, ella escucha Jazz, y devora libros como si fuesen chocolates. Así es, ella es tan inteligente y sabia… ella tiene estilo, ella es estilo.
La mujer de mis sueños se deja el vello en las axilas y piernas y eso es genial, ella nunca usa tacones, no, ella siempre va en sandalias y sus pies sus preciosos, como bombones de leche y coco.
La mujer de mis sueños tiene pene.

Superluna

Superluna

Hace un par de días sucedió uno de esos acontecimientos cósmicos que se dan cada no sé cuantos millones de años, creo que estoy exagerando, pero es que así suena más bonito. Entonces, yo le dije a ella:
—Deberíamos de aprovechar la superluna de hoy para tener sexo. Dicen que la luna ejerce una poderosa potencia sexual, ¡imaginate una superluna!
—No puedo, ando con mi periodo…
—No importa, hoy es la superluna de sangre.
—ja, ja, y eso qué loco.
—¿No has escuchado el dicho: las mujeres sangran cuando la luna quiere?
—Pues creo, precisamente,  que por ser hoy el día de la superluna de sangre, las mujeres sangraremos hasta desangrarnos si se nos ocurre tener sexo.
—Creo que tenés razón. ¿Entonces qué? ¿vamos a desaprovechar la ocasión? ¡Tenemos que hacer algo con esa luna!
—¿Qué te parece si nos fumamos un superporro viendo la superluna?
—¡Amén hermana!

Fue una noche nublada y fría. Una enorme capa de nubes cubrían todo el cielo y no nos permitieron ver la superluna… pero igual fue una noche hermosa, platicamos y fumamos hasta la madrugada acerca la luna y los astros, y sobre nuestra iniciación a los misterios cósmicos y también sobre la vida en otros planetas. Luego cambiamos a temas un poco más filosóficos; ella pensaba que Nietzsche era un maldito misógino por haber hablado tanto del superhombre y decir un montón de mierda sobre las mujeres…
—¿Quién es tu escritor favorito? —Pregunté yo, intentando cambiar el rumbo de la conversación que llevaba un camino bastante oscuro entrando al machismo y hembrismo.
—¡Mi escritor favorito es Arturo Schopenhauer! —gritó a todo pulmón.
Estaba totalmente descontrolada, había fumado más yerba que Snoop Dog y Wiz Khalifa juntos en uno de sus vídeos de rap. La tomé en mis brazos y la llevé a mi cuarto, estaba completamente dormida, le quité la ropa, me excité muchísimo… la arropé muy bien y cerré la puerta. Me fui a dormir al sofá de la sala.