Mes: enero 2018

Te quiero

–Darling, –dijo–, quiero que me escribás un bello poema.
Yo me emocioné mucho. Le escribí esto:

Yo te quiero.
Te quiero mucho.
Yo te quiero, atada de pies y manos en mi cama,
yo te quiero, ¡Dios, cuanto te quiero!
Te quiero, quitar la ropa con un cuchillo…
Yo te quiero, violar…

Yo te quiero, ¡cuanto te quiero!
Yo te quiero, cortar el cuello con mi cuchillo.
Te amo.

–¡Me encanta! –gritó–, yo sabía que tu talento no me defraudaría. Es más de lo que hubiese imaginado.
Dijo eso, se acercó y me dio un beso en la boca, luego puso su boca en mi oído y me dijo que lo hiciéramos  realidad… sentí su lengua hundirse en el agujero de mi oído, Dios, me sentí violado.
–¡Jesús a qué clase de anormal le puede gustar ese mierda! –grité.
La aparté de un empujón y me alejé dos pasos de ella.
–Pues a mí me gusta tu mierda, –se acercó otra vez hasta casi rozar mis labios con los suyos–, vos sabés que yo me comería tu mierda si me lo pidieras Ixtab. Me gusta tu rareza loco, y eso no lo podés cambiar, soy tu fan número una y eso es irremediable. Te amo loco.
–¿Te gustaría ser mi novia? –pregunté.
–No, –respondió ella.
Dijo eso y se fue.
Así fue.

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“Al oeste de Roma”

Anoche soñé un sueño lúcido muy extraño… ni siquiera sé cómo contarlo, creo que carece de sentido ahora que estoy despierto. No sé cómo trasmitir las sensaciones y las cosas que vi. Estoy seguro que no existen palabras en ningún idioma de este planeta que puedan expresar lo que viví en ese sueño, es imposible.
Pero no fue el único sueño lúcido de la noche por supuesto, Al oeste de Roma, fue otro de los sueños de anoche, digo anoche pero en realidad fue de los últimos sueños de la mañana.
Al oeste de Roma es uno de los libros que ahora estoy leyendo, y como sucede siempre; he soñado con los personajes de los libros que leo, o sueño con los paisajes y contextos de los libros que leo. ¡Acaso no es algo hermoso! ¡Acaso no es una experiencia mágica! Sé que muchas personas desearían entrar en los libros que leen, y no es que al leer no lo hagan, solo digo que soñarlo hace la experiencia literaria casi incomparable, insuperable, la verdad es inalcanzable.
Imaginen poder entrar en sus libros favoritos, compartir sus personajes, ver los rostros y las formas con los que tu mente los ha pintado… los paisajes que tu mente ha dibujado.

El hijo modelo

De vez en cuando me acuesto con travestis, lo cual hiere en lo más hondo los sentimientos de mi madre que siempre soñó con un hijo modelo que le diera nietos y formara una linda familia, con un perro y un linda casa a la orilla del mar. No, no, ese no soy yo. Yo jamás podré sentar cabeza mami, yo no puedo ser el hijo modelo. Yo nunca podré tener hijos, ni esposa, tal vez tenga un perro. Sí, creo que lo del perro si puede ser posible.

Estoy aburrido, traeré una puta a la casa

Mario, conocido también en el barrio como Marito, tenía veinte años y dos de casado. Su esposa se llamaba Claudia, ella era un año menor que Marito. Claudia se había ido de vacaciones donde su madre, Mario no quiso ir. A Claudia tampoco le importaba mucho que Marito la acompañara a ninguna parte, así que se fue feliz sin él.
Mario estaba solo y aburrido en su pequeña casa… se hundió en el sofá y prendió la computadora para visitar un viejo sitio porno que en algún tiempo fue su favorito. Mario estaba caliente, Marito casi siempre estaba caliente, y siempre se quedaba caliente porque Claudia  nunca lo complacía. Claudia era un tabú personificado; Claudia nunca se la había chapado a Mario, tampoco dejaba que él se la chuparan a ella. Claudia jamás accedería a una penetración anal… “Dios eso es algo aberrante y contra natura”, decía siempre que Marito la persuadía para hacerlo.
Entonces, Mario Marito ya estaba hasta la mierda de Claudia. Estaba cansado de rogar por sexo y de que Claudia actuara como una estúpida monja. Sí acaso Mario quería que Claudia actuara, le gustaría verla desenvolviendo el papel de una sucia ramera. Así se la imaginaba mientras se masturbaba.  Al terminar, Mario Marito se sintió como un ganador después de tanto tiempo, miró la hora y vio que era un buen momento para comprar cerveza. Eran las nueve de la mañanita. Mario volvió con un six pack de su cerveza favorita y bebió placenteramente mientras miraba un partido repetido de fútbol. Mario ya había bebido sus seis cervezas, nunca había pasado de beber más de dos, estaba bastante ebrio. No estaba acostumbrado a beber, era un mal bebedor. De repente sufrió un ataque de euforia y gritó: ¡estoy aburrido, traeré una puta a la casa! Mario salió a toda prisa de casa y se fue a buscar su puta…
Mario volvió a las once de la noche, no venía solo por supuesto, lo acompañaba una puta. ¡Dios, era la puta más fea y sucia de la calle! Pero a Marito no parecía importarle, había bebido más y estaba más borracho que nunca, jamás hubiese podido distinguir entre una rosa y una cagada. La puta dijo llamarse Lupita, Lupita era adicta al pegamento y tenía sida.
Mario Marito murió dos años después a causa de una neumonía, y su esposa Claudia un año después, esta de tuberculosis. Nunca practicaron sexo anal u oral…
Lupe Lupita sigue en las calles, inhalando pegamento e infectando a quien lo quiera por dos centavos el rato. Lupita no sabe que tiene sida, de saberlo ya se hubiese muerto de tb o de cualquier otra mierda a causa del sida.

Caminando con Zaratustra

Caminando con Zaratustra

Salí corriendo de la ciudad en cuanto tuve oportunidad, necesitaba alejarme de la mierda; de las personas pues. Me dijeron de un viaje a las montañas y no perdí la oportunidad…
Subí entre montañas, caminé a la orilla del río, bebí agua del río… me bañé en el río. También me drogué en el río… y me quedé dormido a la orilla del río.
Necesitaba dormir para recuperar las energías y escalar la montaña, la gran montaña. Cuando desperté me sentí mucho mejor, bastante bien, con hambre pero bien. Intenté pescar en el río pero no conseguí sacar nada. Me volví a drogar.
Abajo en el río lo vi venir, era viejo y desaliñado, caminaba muy despacio, casi parecía venir flotando. Cuando estuvo frente a mí se presentó diciendo que era Zaratustra, se sentó frente a mí con las piernas cruzadas como lo hacen los budas. Le dije que tenía hambre y me invitó a comer. Sacó dos panes de entre sus ropas y me los ofreció. Yo los devoré en el acto, era un pan simple pero me gustó su no sabor.
Zaratustra me preguntó qué hacía en las montañas, le dije que era un hombre que buscaba la paz. Al escuchar eso Zaratustra se puso de pie y me pidió que lo siguiera. “ven,dijo, caminemos por el río y subamos la montaña hasta mi cueva”. Yo lo seguí como un perro sigue a su amo. Caminamos largo rato en silencio hasta que al fin Zaratustra me preguntó:
–¿A qué te dedicas muchacho?
–Soy escritor y malabarista –contesté casi con vergüenza.
–Yo conocí una vez un malabarista –respondió Zaratustra–, fue mi primer discípulo.
–También quiero ser tu discípulo, –dije.
Zaratustra no respondió, me miró de soslayo y siguió caminando en silencio.
Llegamos a la cumbre de la montaña silenciosa y Zaratustra me invitó a pasar a su cueva con el resto de sus amigos que ahí le esperaban…
A la mañana siguiente, desperté muy tarde, era casi el medio día. La cueva estaba vacía, no estaba Zaratustra ni el resto de los superhombres. Bajé de la montaña convencido de haberme transformado también en un superhombre…

Mujeres

–Aruma, todas tus entradas son una ofensa contra la mujer. Son peor que una canción de reguetón. Deberías estar avergonzado de escribir esas porquerías respecto a las mujeres. ¡Acaso no tenés mamá!

–¡Qué esperabas de mí! ¡Soy discípulo de  Schopenhauer y Tolstói!

–¿Y qué mierda significa eso? ¡Pensás que por haber leído mujeres de Schopenhauer ya sos un experto en toda su obra! No sabés una mierda respecto a las mujeres. Me das asco Aruma.
–Para ser una puta no razonás tan mal. Debo reconocer que hay cierto grado de inteligencia en vos, ramera.
–¡Ramera la puta que te parió!

Para el insomnio

Para el insomnio tengo un ársenal de pastillas multicolores y otros tipo de venenos y sustancias… Me encuentro al borde de una crisis psicótica grave, y creo que la caída es inevitable. Sí tan siquiera tuviera una nena a mi lado… pero enloquecer sólo es tan, puta es tan triste. Si tan solo tuviese una nena a mi lado estaría delirando pero de alegría, quizás no, pero al menos no estaría sólo. Al menos tendría alguien a quien arruinarle el día…
Uno lo siente, lo presiente, el desquiciamiento; el miedo, los temblores, el sofoco, la taquicardia…
He estado coqueteando con el suicidio desde hace un par de noches, es tan, es tan placentero verme muerto y libre de este infierno.
“Ixtab Aruma se corta las venas y luego llama una ambulancaia”, esa sería una de las portadas de los diarios de mi barrio. “Ixtab Aruma escribió una carta suicida que más bien es una carta de amor…”