Mes: agosto 2017

Nube voluptuosa

Me enamoré de una nube voluptuosa,
la nube más blanca, gorda y linda del inmenso cielo.
La nube voluptuosa sabe que la deseo,
y ella me seduce con su coqueteo,
ella se arrebola cuando la enamoro.
La nube voluptuosa, la más linda y esponjosa
siempre vuela más alta que las otras,
y la sombra que ella da, es la más cálida de todas.
Ella nunca suelta un rayo, ni aun cuando se enoja.
Ella solo llora en tierra seca,
y cuando llora nunca es de tristeza,
y sus lágrimas hacen brotar la mejor cosecha.
Mi nube favorita dice que puedo verla pero nunca podré tocarla.

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Me visto como quiera cabrón

Yo tenía un amigo, uno de los mejores; mi amigo Héctor. Héctor era todo un tipo con las mujeres. Nunca tenía problemas para salir con quien sea. Todas las nenas de la escuela se derretían por él. Todos los demás compas sentíamos una especie de envidia hacía Héctor el guapo.

Llegaron las vacaciones, Héctor y yo eramos vecinos, por eso eramos tan buenos amigos en la escuela, era una amistad de esas que vienen desde la infancia. Esas vacaciones Héctor se enamoró de la vecina nueva.
La chica nueva del barrio era una delicia, una mujerona como nunca habíamos visto ninguna en la escuela. Era una mujer de verdad, hecha y derecha.  A pesar de la fama de guapo de Héctor, la mayoría de nosotros sus amigos estábamos de acuerdo en que Héctor no podría conquistar a aquella mujerona.
Pero Héctor estaba enculado y dijo que haría lo imposible por conquistar a la nena nueva. El muy cabrón lo consiguió…

Pasaron las semanas y Héctor se sentía orgullosísimo de salir con la nena más rica del barrio, y no hablo de dinero.
La novia de Héctor se llamaba Lucía. Lucía era una de esas mujeres en las que uno piensa cuando se masturba. Una de esas mujeres que cuando las ves pasar por la esquina te encabritan la verga como ninguna. Lucía era una bomba al caminar, Dios, esa mujer no dejaba nada a la imaginación. Con esa forma de vestir que tenía esa mujer no había nadie en el barrio que no le hubiese visto el culo y las tetas. Yo me masturbaba varias veces al día pensando en las piernas de Lucía.
Lucía  siempre iba vestida como para un casting porno. Héctor en algún momento de desahogo me había confesado lo mucho que le molestaba e incomodaba que su novia se vistiera de esa forma tan provocativa. Claro, ella se veía fabulosa pero Héctor quería tener los derechos exclusivos de dicho espectáculo.
Yo como buen amigo le di mi consejo, le dije que una mujer así era un peligro ambulante y que no se la podía tomar en serio, le dije que cualquier día le reventarían la cara por culpa de esa jodida mujer. Pero mis palabras entraron por un oído y salieron por el otro. Héctor estaba enamorado.
Héctor esperaba impacientemente conmigo mientras Lucía terminaba de arreglarse y esas cosas. Estaba un poco encabronado porque ella siempre tardaba tanto y llegarían tarde cuando la película ya hubiese empezado.
Al fin apareció Lucía incendiando la calle con el movimiento de caderas que tenía, Dios, llevaba la falda más corta del mundo, pude ver sus bragas color rosa.
¡Dios mío que piernas!
—¿Por qué tardaste tanto? —Preguntó Héctor con enojo.
—Tenía que arreglarme el pelo, —dijo Lucía sacudiendo su larga y sedosa melena.
—¿Vas a salir así? —Dijo Héctor como con miedo.
—¿Cómo qué así?
—Con esa ropa digo. Mi amor te ves bien rica pero, no me gusta que todo el mundo te ande morboseando cuando vas por la calle.
—¡Yo me visto como quiera cabrón!
Héctor no supo que decir y se puso rojo de vergüenza. Yo aparté mi vista de su cara, no pude soportarlo, incluso yo me sentí avergonzado.
Los novios se fueron en silencio tomados de las manos. Me quedé viendo el culo de Lucía hasta que desapareció a la distancia. ¡Que culazo!
Vivimos en una de esas ciudades que están llenas de gente loca, una cuidad loca, uno no puede andar por ahí con una mujer semi desnuda y esperar que nadie le grité alguna obscenidad… eso fue precisamente lo que pasó que mi amigo Héctor y su deliciosa novia.
Iban caminando tranquilante por la calle camino al cine, Héctor y Lucía. Héctor iba con los puños bien apretados después de lo que le había dicho Lucía. Cuando caminaban entre la gente Héctor se daba cuenta que la gente se volteaba para verle el culo a Lucía, eso lo encendía. También a Lucía la prendía, parece que le satisfacía andar por ahí tentando a los demonios. Se deleitaba; la excitaba saber que los hombres la miraban con ojos de deseo…
Un par de cuadras antes de llegar al cine había un pequeño grupo de estudiantes de secundaria. Héctor les vio la pinta a lo lejos y supo que se avecinaba algo malo, pensó en cambiar de carril para evitarlos, pero sabía que Lucía pensaría que era un cobarde si hacía algo así, por lo que siguió su destino con resignación…
Cuando pasaron frente al pequeño grupo de diez estudiantes empezó la avalancha de obscenidades. ¡Dios mío, que no le gritaron a esa mujer! Le gritaron todos los piropos habidos y por haber. Héctor no pudo más, ya estaba desquiciado de tanta mierda, se detuvo y lanzó un horrible insulto hacia el grupo de estudiantes. Obtuvo una estruendosa burla, eso lo enfureció aun más y se regreso hasta el grupo y amenazó y empujó a un par de tipos… gran error Héctor, los muchachos se abalanzaron con puños y patadas sobre mi amigo Héctor y en cuestión de segundos  lo habían sodomizado a patadas. La gente en la calle miraba lo que estaba pasando pero nadie se metía, la gente seguía su camino con indiferencia, y los que se detenían era solo para ver la pijiada que le estaban dando a Héctor. Los muchachos se cansaron de patear a Héctor y se fueron, dejándolo tirado como un perro. Lucía había estaba viendo todo con un poco de susto, temía que Hector estuviese muerto o algo así. Pero Hector estaba de maravilla, solo había perdido tres de sus dientes. Lucía lo ayudo a levantarse y se quedaron un momento sentados, Lucía limpiaba dulcemente las heridas de su novio.
Hector no había dicho una palabra desde que se levantó, ya se sentía bastante recuperado. Lucía le hablaba pero el no respondía. Hector estaba encachimbado como nunca, se levantó de su asiento, Lucía al verlo también su puso de pie y preguntó que si aun tenía ganas de ir al cine o si mejor se volvian al barrio…
Héctor al fin abrió la boca y dijo:
—¿Ves lo que provocaste? Por tu culpa me han reventado a pija.
—¡No es mi culpa que te hayan dado una buena Hector! —gritó Lucía.
—Mirá —dijo Hector, mostrando los orificios donde anteriormente habían dientes—, mirá como me dejaron por salir con una puta como vos.
—Comé mierda cabrón, —Aulló Lucía y le dio una terrible cachetada, y no sintiéndose satisfecha le propinó otra y otra más.
Héctor se dejo cachetear y aruñar de la gata pero solo porque estaba recargando su cólera para lo que tenía planeado:
Héctor lanzó una izquierda tan rápida como un relámpago que dio de lleno en la mandíbula de Lucía, esta se tambaleo, las piernas le flaquearon, parecía que caía pero se mantuvo en pie, entonces con la misma rapidez Héctor lanzó en pequeño combo de tres golpes rápidos a la cara de Lucía, dos derechazos y el último de izquierda que mando a la lona a la pobre Lucía que estaba fuera del planeta con tanto golpe.
La gente que pasaba ahora si que estaba indignada con el tipo que le pegaba a una mujer, un par de tipos se acercaron y sometieron a Héctor dándole un par de buenos golpes en el estómago y la cabeza mandándole de nuevo a la lona … Héctor se dio cuenta de que esta vez ya no se podría poner de pie y gritó desde el suelo:
—¡Ahora si verdad hijos de puta! !Por qué cuando me estaba matando a pija esos estudiantes nadie se metió¡ Montón de hijos de puta.
—Por culpa de esa puta —siguió gritando—, por culpa de esa ramera he pasado hoy la peor vergüenza de mi vida.
La gente le respondió con insultos y le pidieron que se fuera antes de que llamaran a la policía.
Hector se largó de ese lugar, no quería ver a ningún policía de mierda así que se regreso al barrio y bebió toda la noche. Yo lo acompañé, era su amigo de parranda. Brindamos por las putas y eso.
Héctor me contó llorando que se sentía mal por haber pegado a una mujer. Yo le dije: “Héctor, yo le habría hecho lo mismo a esa cabrona.”

Cumpliré tu fantasía

Un día conocí una chica en un hospital mental, sé que no es el mejor lugar para enamorarse, pero así es el amor, uno lo encuentra cuando no lo busca y en los lugares menos esperados. Yo estaba esperando a que me llamaran y ella también, ambos eramos atendidos por el mismo psiquiatra. Después de varios intercambios de miradas, ella fue la que habló primero, yo nunca lo hubiese hecho porque soy un cobarde.
Ella era todo lo que yo buscaba, la había estado observando desde hacía mucho, ella era una preciosidad de mujer; cabello larguísimo hasta el culo, rojo natural, Dios y olía delicioso… su piel era blanca, blanquísima, sus ojos dos planetas verdes que brillaban al verme.
Entonces empecé a platicar con la pelirroja más ardiente de la ciudad, hablamos de nuestros problemas mentales y de los efectos de todos los medicamentos que habíamos probado, los que te hacen sentir bien, los que mal, los que te hacen volar y todo eso. Ahí estábamos, dos chiflados enamorados en medio de un montón de locos.
Ella dijo que su problema no era tan serio, es más; que ni siquiera necesitaba ir al psiquiatra, y menos las pastillas, y si lo hacía era porque su madre la obligaba a asistir a cada cita. La verdad que ella se miraba bastante bien, de no haberlo dicho ella, jamás habría sospechado que hablaba con una esquiza.
El tiempo que en otras ocasiones es eterno en ese hospital, ese día se nos pasó volando a ambos, eso pasa cuando hablás con el amor de tu vida, y todavía más cuando se trata de cosas profundas como las que hablamos aquel día.
Intercambiamos números y seguimos en contacto después de aquel lindo día… Un par de semanas después ya eramos novios y nos amábamos a muerte.
Un día la invité a mi casa a ver un película, porno, estábamos acostados en mi cama con las luces apagadas viendo aquella película. Entonces mi novia que ya estaba bastante caliente me preguntó:
—¿Cuál es tu máxima fantasía sexual?
—Son muchas —dije yo.
—Sí, pero yo quiero saber la número uno, la que más te prende.
—¿Por qué querés saber?
—Porque quiero hacer realidad tu máxima fantasía sexual, sin importar lo que sea, estoy dispuesta a hacer lo que sea.
No pude evitar reírme.
—Mi amor, dudo mucho que vos podás hacer realidad mi fantasía, es algo que no está en tus manos hacer.
—Decime que yo soy capaz de hacer lo que sea por vos.
—Mirá, es algo que aunque quieras no vas a poder hacer.
—Te lo digo y te lo cumplo. Mejor dejá el misterio y decime de que se trata tu fantasía.
—Mirá, mi fantasía número uno es coger con una mujer a la que le haga falta una pierna, alguna amputación…
Mi novia se quedó callada, no supo decir nada. No se esperaba algo así por supuesto.
—Te dije que era algo que no podrías satisfacer —le dije riendo.
Pasó ese día y muchos días más y no se volvió a hablar del tema. Creí que ya estaba olvidado. Pero un par de semanas después, ella y yo estábamos en su casa, solos, viendo otra película porno y ella dijo:
—Darling, yo me cortaría una pierna si eso es lo que te excita.
Yo lancé una carcajada, creí que era uno de sus chistes, pero al ver la seriedad de su cara me di cuenta que la loca estaba hablando muy enserio.
—¡Jesús! ¡cómo se te ocurre decir eso! —grité.
—Si me los pidieras, lo haría con todo gusto porque te amo —dijo ella besándome la mano—, quiero cumplir tu fantasía mi amor.
—Mi vida —la besé en la frente—, es verdad que me gustan las mujeres a las que les falta un pedazo, pero a vos te quiero completa.
—Darling, voy a cortarme una pierna para cumplir tu fantasía.
—¡Que no! !Estás loca!
—Lo haré porque te amo.
—Dios, por favor ya no digás esas cosas.
—¿Qué pierna querés que me corte? ¿Izquierda o derecha?
La tomé por los hombros y le pegué una sacudida para que despertara de ese horrible trance de locura.
—Mirá —grité—, yo te amo y te quiero así, entera. Por favor, te lo ruego, dejá de decir disparates.
—Vos sabés que yo haría lo que sea por vos, lo que sea.
—Mirá, lo único que te pido que hagás por mí es que dejés de pensar y de decir esas cosas.
—Esta bien mi amor, yo no seguiré con eso.
Terminamos de ver la la película e intentamos tener sexo, pero mi mente estaba muy turbada y no pude excitarme jamás, mi pene era un montón de gelatina.
—Si me faltara una pierna, seguro la tendrías más dura que la de un toro —dijo ella suspirando.
Yo ya no supe decir nada. Me puse la ropa y me fui a mi casa.
Dejé de hablarle por varias semanas, no la visitaba y tampoco respondía sus llamadas, estaba demasiado alterado con mis propios problemas como para tener que lidiar con las locuras de mi novia. Yo necesitaba un pequeño respiro, sentir la calma, pero con ella todo era locura y estrés.
Después de varias semanas sin ella, al fin encontré la calma y volví a sentirme bien. Entonces creí que ya era tiempo de visitarla. A pesar de todo, me hacía mucha falta estar con ella, la amaba, era la chica más linda con la que había salido en mi vida. Fui a su casa a buscarla y me recibió su padre con un puñetazo en la cara que me hizo saltar dos dientes.
—¿Qué clase de hijueputa le pide a su novia que se corte una pierna? —gritó el viejo mientras me daba puñetazos en la cara, que ya la sentía bastante desfigurada.
Mi suegra al fin intervino e hizo lo posible por sacarme al viejo de encima, Dios la bendiga. Intenté levantarme pero no pude, el anciano tenía buena pegada, hubiese sido un gran boxeador seguro. Mi suegra me ayudó a levantarme y traté de explicarles que yo no tenía nada que ver con piernas cortadas. Me contaron que la pelirroja había enloquecido un poco más de la cuenta a causa de mi ausencia y creyó que la iba a dejar, y que la única forma en que yo volvería era si ella se cortaba una pierna. Sus padres estuvieron pendiente de ella en todo ese tiempo, sabían que ella era capaz de hacer locuras pero no tanto como para cortarse una pierna… así que un día la pelirroja tomó la moto-sierra de su papá, que en algún tiempo había sido leñador y se mutiló una pierna, la derecha. En el hospital los médicos hicieron los posible por salvar la pierna pero fue imposible y tuvieron que amputarla diez centimetros arriba de la rodilla.
Inmediatamente fui a visitarla al hospital, le llevé cuantas flores pude comprar y estuvo encantada de volver a verme. se veía maravillosamente en una pierna… era un hermoso muñón lleno de costuras y vendas. Se me puso tan dura como la de un toro cuando la vi. Cuando le dieron de alta en el hospital la llevé directo a mi casa y no pudimos esperar a que la herida terminara de sanar cuando ya habíamos empezado a coger. Lo hacíamos todos los días tres veces al día, el mejor sexo de mi vida.
Ella cumplió mi fantasía.