Mes: marzo 2017

Amazonas

Iba pasando por el mercado cuando veo a un enorme tipo en medio de la calle, era tan grande como un luchador profesional. Quise iniciar una pelea con el gigante, le di una patada en la pierna y empecé a correr, cuando al fin me alcanzó me levantó en el aire como si yo fuese de trapo. Estaba a punto de darme un puñetazo cuando le disparé un balazo en medio de su frente, el tipo cayó inerte…
Corrí a esconderme en una tienda para chicas, me di cuenta que todas las mujeres en aquel lugar eran muy altas, no sé, creo que medían más de dos metros de alto. Caminé hasta la más cercana y le pedí un autógrafo, ella se negó y me miró con desprecio. Le toqué una nalga, ella me dio una cachetada y yo le respondí con otra palmada en sus enormes y voluptuosas nalgas de amazona. –Tu madre –dijo escupiéndome la cara–. Yo, como buen cristiano, no perdí la calma, levanté mi mano y me limpié el verdoso escupitajo que la amazona me había lanzado, me chupé los dedos. Di un paso adelante y ella dio dos para atrás, entonces di un salto hasta la amazona y le arranqué la camisa con mis garras de tigre dejando sus enormes tetas al aire, una delicia. La perra gritó y las otras amazonas vinieron al rescate –es un pervertido –gritaban histéricas–, y corrían de un lugar a otro como malditas locas, no me dejaron otra alternativa que sacar mi arma y empezar a matar gente. Un cuerpo muerto nunca se queja cuando se la estás metiendo por atrás…

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Apestoso

No sé qué mierda está pasando conmigo, estoy transpirando como un maldito cerdo.
Siento unas enormes gotas heladas de sudor bajar por mis axilas recorriendo mis brazos, son unas enormes y gordas gotas de mierda apestosa rodando hasta llegar a mis codos. ¡Una mierda! Una mierda tener que ir a clases y tener que sentir ese jodido olor, ese maldito mal olor a perro de mi ropa sucia…
voy a tirar toda esta maldita ropa a la mierda, lo digo en serio, estoy encabronado. Cuando llegué a mi casa voy a prenderle fuego a toda esta mierda maloliente, voy formar un bulto de mierda y voy a rociarlo con gasolina para prender una jodida hoguera.
—Aruma, ¿por qué tan alejado?
—Por favor aléjense de mí, ando cagado —y me enrolló un poco más en mi posición fetal en una esquina del salón.
—siempre con tus bromas ju ju, —se acerca— ¿estás enfermo?
se sienta al lado mío, me mira…se da cuenta de su error y sin decir palabra se levanta y se aleja.
¡Te dije que no te acercaras maldita estúpida!
en salón está a reventar y todos se empiezan a quejar, dicen que apesta a macho cabrío.
—Alguien no se ha bañado últimamente —dice alguien del frente-. Los demás empiezan a reír, una maldita risa que parece que nunca acabará.
—Tenemos un zorrillo en el aula —dijo otra de las que estaba más cerca de mí, y me dirigió una mirada acusadora y burlona.
No puedo más, ya me encabroné…
Me levanté, avancé con dificultad hasta el frente, los observé a todos detenidamente y lentamente fui bajando mi pantalón…todos se reían del apestoso. El apestoso les tenía una gran sorpresa.
Me acurruqué y pujé con todas mis fuerzas, me dolía, creí que no saldría, pero al fin empezó a salir un enorme chorizo negro y apretado. Ya nadie se reía, solo me veían con esa estúpida cara de terror y sorpresa. Pero ahí no acaba la sorpresa, cogí en recién salido mojón, aún estaba tibio,  lo tomé con ambas manos y empecé a tirarlo en los estúpidos rostros de todos. ¡Hubiesen visto sus caras, embarradas y asustadas! ¡Eso sí que fue gracioso hijos de puta!
Algunas zorras no pudieron contener su asco y empezaron a vomitar, y cuando alguien vomita se produce una maldita reacción en cadena, una tras otra devolvían sus comidas… era tanta la mierda y el vómito que estuve a punto de correrme de tanta excitación. Me acerqué a la perra que me llamó zorrillo, me paré justo frente a ella, ella se había logrado contener, estaba tan limpia. Me paré de forma que no pudiera escapar de su silla, la perra me miraba de la peor forma, realmente lastimaba aquella mirada.
Metí un dedo a mi boca y le lancé un enorme chorro de vomito apestoso. Tenía porquería en toda su linda cara, eso sí que no lo pudo resistir, la vi convulsionar como una maldita perra y arrojó una horrible vomitada verdosa. Eso sí que fue demasiado para mí; me corrí, fue la mejor corrida de mi vida.

Delírium trémens tres

Estaba en la universidad esperando a María, mi hermana, y ya estaba un poco cansado de esperar, me sentía aburrido, y cuando me aburro me deprimo. Yo había salido un poco antes de clases, más bien, me había salido un poco antes de las jodidas clases…
fui a dar una vuelta por ahí, para estirar las piernas. Me encontré con unos viejos amigos, me invitaron a beber un poco y bebimos en abundancia.
Recordé que debía ir por María, lo había olvidado, me levanté de la silla y me di cuenta de que ya estaba bastante borracho, pero logré caminar sin tropezar en ningún lado, la gente ni siquiera notará que estoy ebrio, pensaba. Llegué hasta el edificio en el que recibía clases María, siempre la esperaba en el mismo lugar. Para cuando llegué allí, si que me sentía muy borracho, ya no podía mantenerme en pie, toda la mierda a mi alrededor se movía y las personas estaban todas borrosas.
Me arrastré por el piso hasta llegar a un asqueroso baño de mujeres, ¡Dios santo! las cosas que vi allí, las mujeres escriben obscenidades más repugnantes que las que escriben los hombres en las paredes… no sabía que las mujeres eran así.
Me lavé la cara, en especial los ojos porque casi no veía nada, quizá lo de las paredes solo fuera idea mía, o quizás las mujeres si eran unas malditas pervertidas.
Salí del baño y di un par de buenos pasos y entonces me caí de nuevo. La gente me veía y se estaban empezando a alarmar.  —Mierda, solo falta que avisen a los guardias —pensé.
Vi un par de mierdas apestosas con sus bien planchados uniformes verdes avanzar a lo lejos, —vienen por mí.
Me encontré a unas amigas en un pasillo, o más bien fueron ellas las que me encontraron a mí, —te tenemos que sacar de aquí —dijeron. Y me cogieron por los brazos y me llevaron hasta su carro, con mucha dificultad claro. Me subieron al jodido carro y lo arrancaron, se empezaron a burlar de algo, quien sabe, quizás de mí.
Iban jodidamente rápido, o al menos eso era lo que yo sentía, me sentía como en una jodida montaña rusa. Yo les suplicaba que fuesen más despacio, yo sentía que nos estrellaríamos en cualquier momento. Me sentí como cuando era niño y mi papá borracho se le ocurría que daríamos un paseo en la moto a toda velocidad, conducía como un maldito loco mientras yo iba muerto de miedo orinándome los pantalones y sin poder respirar con todo ese aire dándome con fuerza en la cara.
Mis amigas me llevaron a un parque, ¡creí que me llevarían a mi casa! Yo era como su juguete o algo así, se divertían con el payaso borracho y asustado. Ellas se bajaron del carro y se alejaron un poco, iban a pagar unas entradas o algo. Por alguna extraña razón, yo no quería entrar en aquel parque, tenía mucho miedo, un miedo terrible, casi infantil.
Yo me sentía muy mal, solo quería que me llevaran a mi casa, tirarme en la cama y dormir por una semana.
Ellas empezaron a gritarme, ya tenían sus jodidas entradas en las manos. Mientras tanto, yo descargaba una enorme vomitada; mientras vomitaba no me había dado cuenta que estaba a la orilla de un barranco… no sé qué pasó después.
La culpa fue de mis amigas por dejar solo a un niño a la orilla de un barranco.

 

 

 

 

 

 

 

 

Hablando solo

Siempre me pasa que voy al baño con la intención de orinar y me quedo parado pensando, con una mano en mi pene y la otra en la cintura, y el tiempo pasa y yo sigo ahí parado pensando en cosas que han pasado y otras que no pasaron ni pasaran… el tiempo pasa y sigo ahí imaginando platicas que nunca existirán en otro lugar más allá de mi mente.
Mientras platico lo hago casi en voz alta, como una especie de susurro. Hablo por mí y también respondo por las otras personas.
Los minutos siguen pasando y me doy cuenta que he estado parado más de cinco minutos en el baño. He vuelto a la realidad; estoy frente al cagadero y debo concentrarme si quiero orinar algún día.
Empiezo a sentirlo, un par de gotas se asoman, parece que al fin voy a orinar, pero me desconcentro un momento y otra vez mis pensamientos me llevan a otra parte, lejos de este planeta… otra vez estoy hablando solo, con una mano en el pene y la otra en la cintura.