Amazonas

Iba pasando por el mercado cuando veo a un enorme tipo en medio de la calle, era tan grande como un luchador profesional. Quise iniciar una pelea con el gigante, le di una patada en la pierna y empecé a correr, cuando al fin me alcanzó me levantó en el aire como si yo fuese de trapo. Estaba a punto de darme un puñetazo cuando le disparé un balazo en medio de su frente, el tipo cayó inerte…
Corrí a esconderme en una tienda para chicas, me di cuenta que todas las mujeres en aquel lugar eran muy altas, no sé, creo que medían más de dos metros de alto. Caminé hasta la más cercana y le pedí un autógrafo, ella se negó y me miró con desprecio. Le toqué una nalga, ella me dio una cachetada y yo le respondí con otra palmada en sus enormes y voluptuosas nalgas de amazona. –Tu madre –dijo escupiéndome la cara–. Yo, como buen cristiano, no perdí la calma, levanté mi mano y me limpié el verdoso escupitajo que la amazona me había lanzado, me chupé los dedos. Di un paso adelante y ella dio dos para atrás, entonces di un salto hasta la amazona y le arranqué la camisa con mis garras de tigre dejando sus enormes tetas al aire, una delicia. La perra gritó y las otras amazonas vinieron al rescate –es un pervertido –gritaban histéricas–, y corrían de un lugar a otro como malditas locas, no me dejaron otra alternativa que sacar mi arma y empezar a matar gente. Un cuerpo muerto nunca se queja cuando se la estás metiendo por atrás…

Apestoso

No sé qué mierda está pasando conmigo, estoy transpirando como un maldito cerdo.
Siento unas enormes gotas heladas de sudor bajar por mis axilas recorriendo mis brazos, son unas enormes y gordas gotas de mierda apestosa rodando hasta llegar a mis codos. ¡Una mierda! Una mierda tener que ir a clases y tener que sentir ese jodido olor, ese maldito mal olor a perro de mi ropa sucia…
voy a tirar toda esta maldita ropa a la mierda, lo digo en serio, estoy encabronado. Cuando llegué a mi casa voy a prenderle fuego a toda esta mierda maloliente, voy formar un bulto de mierda y voy a rociarlo con gasolina para prender una jodida hoguera.
—Aruma, ¿por qué tan alejado?
—Por favor aléjense de mí, ando cagado —y me enrolló un poco más en mi posición fetal en una esquina del salón.
—siempre con tus bromas ju ju, —se acerca— ¿estás enfermo?
se sienta al lado mío, me mira…se da cuenta de su error y sin decir palabra se levanta y se aleja.
¡Te dije que no te acercaras maldita estúpida!
en salón está a reventar y todos se empiezan a quejar, dicen que apesta a macho cabrío.
—Alguien no se ha bañado últimamente —dice alguien del frente-. Los demás empiezan a reír, una maldita risa que parece que nunca acabará.
—Tenemos un zorrillo en el aula —dijo otra de las que estaba más cerca de mí, y me dirigió una mirada acusadora y burlona.
No puedo más, ya me encabroné…
Me levanté, avancé con dificultad hasta el frente, los observé a todos detenidamente y lentamente fui bajando mi pantalón…todos se reían del apestoso. El apestoso les tenía una gran sorpresa.
Me acurruqué y pujé con todas mis fuerzas, me dolía, creí que no saldría, pero al fin empezó a salir un enorme chorizo negro y apretado. Ya nadie se reía, solo me veían con esa estúpida cara de terror y sorpresa. Pero ahí no acaba la sorpresa, cogí en recién salido mojón, aún estaba tibio,  lo tomé con ambas manos y empecé a tirarlo en los estúpidos rostros de todos. ¡Hubiesen visto sus caras, embarradas y asustadas! ¡Eso sí que fue gracioso hijos de puta!
Algunas zorras no pudieron contener su asco y empezó a vomitar, y cuando alguien vomita se produce una maldita reacción en cadena, una tras otra devolvían sus comidas… era tanta la mierda y el vómito que estuve a punto de correrme de tanta excitación. Me acerqué a la perra que me llamó zorrillo, me paré justo frente a ella, ella se había logrado contener, estaba tan limpia. Me paré de forma que no pudiera escapar de su silla, la perra me miraba de la peor forma, realmente lastimaba aquella mirada.
Metí un dedo a mi boca y le lancé un enorme chorro de vomito apestoso. Tenía porquería en toda su linda cara, eso sí que no lo pudo resistir, la vi convulsionar como una maldita perra y arrojó una horrible vomitada verdosa. Eso sí que fue demasiado para mí; me corrí, fue la mejor corrida de mi vida.

Delírium trémens tres

Estaba en la universidad esperando a María, mi hermana, y ya estaba un poco cansado de esperar, me sentía aburrido, y cuando me aburro me deprimo. Yo había salido un poco antes de clases, más bien, me había salido un poco antes de las jodidas clases…
fui a dar una vuelta por ahí, para estirar las piernas. Me encontré con unos viejos amigos, me invitaron a beber un poco y bebimos en abundancia.
Recordé que debía ir por María, lo había olvidado, me levanté de la silla y me di cuenta de que ya estaba bastante borracho, pero logré caminar sin tropezar en ningún lado, la gente ni siquiera notará que estoy ebrio, pensaba. Llegué hasta el edificio en el que recibía clases María, siempre la esperaba en el mismo lugar. Para cuando llegué allí, si que me sentía muy borracho, ya no podía mantenerme en pie, toda la mierda a mi alrededor se movía y las personas estaban todas borrosas.
Me arrastré por el piso hasta llegar a un asqueroso baño de mujeres, ¡Dios santo! las cosas que vi allí, las mujeres escriben obscenidades más repugnantes que las que escriben los hombres en las paredes… no sabía que las mujeres eran así.
Me lavé la cara, en especial los ojos porque casi no veía nada, quizá lo de las paredes solo fuera idea mía, o quizás las mujeres si eran unas malditas pervertidas.
Salí del baño y di un par de buenos pasos y entonces me caí de nuevo. La gente me veía y se estaban empezando a alarmar.  —Mierda, solo falta que avisen a los guardias —pensé.
Vi un par de mierdas apestosas con sus bien planchados uniformes verdes avanzar a lo lejos, —vienen por mí.
Me encontré a unas amigas en un pasillo, o más bien fueron ellas las que me encontraron a mí, —te tenemos que sacar de aquí —dijeron. Y me cogieron por los brazos y me llevaron hasta su carro, con mucha dificultad claro. Me subieron al jodido carro y lo arrancaron, se empezaron a burlar de algo, quien sabe, quizás de mí.
Iban jodidamente rápido, o al menos eso era lo que yo sentía, me sentía como en una jodida montaña rusa. Yo les suplicaba que fuesen más despacio, yo sentía que nos estrellaríamos en cualquier momento. Me sentí como cuando era niño y mi papá borracho se le ocurría que daríamos un paseo en la moto a toda velocidad, conducía como un maldito loco mientras yo iba muerto de miedo orinándome los pantalones y sin poder respirar con todo ese aire dándome con fuerza en la cara.
Mis amigas me llevaron a un parque, ¡creí que me llevarían a mi casa! Yo era como su juguete o algo así, se divertían con el payaso borracho y asustado. Ellas se bajaron del carro y se alejaron un poco, iban a pagar unas entradas o algo. Por alguna extraña razón, yo no quería entrar en aquel parque, tenía mucho miedo, un miedo terrible, casi infantil.
Yo me sentía muy mal, solo quería que me llevaran a mi casa, tirarme en la cama y dormir por una semana.
Ellas empezaron a gritarme, ya tenían sus jodidas entradas en las manos. Mientras tanto, yo descargaba una enorme vomitada; mientras vomitaba no me había dado cuenta que estaba a la orilla de un barranco… no sé qué pasó después.
La culpa fue de mis amigas por dejar solo a un niño a la orilla de un barranco.

 

 

 

 

 

 

 

 

Igual al amor

Quizás sea ella la elegida, con la que al fin llegaré a la luna, quizás sea ella mi copiloto, en mis viajes a las estrellas. Ella también es creyente; ella y yo creemos en los extraterrestres.
Querida, me gustas mucho, y eso es extraño porque ni siquiera te he visto. No me creerías si te digo que hasta he soñado con vos, y he despertado todo mojado. Aún no te he visto pero ¡mierda! ¡Cómo me gustas!
Pero este sueño aún lo veo muy lejos de volverse realidad, porque vos y yo somos de planetas diferentes, razas diferentes, colores diferentes… muchos se opondrían y dirían: esos dos no llegarán a ninguna parte juntos.
Sé que las chicas de tu raza son hermosas, y por eso sé que eres preciosa, en cambio yo estoy un poco podrido como perro sarnoso, y a veces hasta rabioso. Pero tranquila, a vos nunca te mordería, a vos solo te besaría.

Hablando solo

Siempre me pasa que voy al baño con la intención de orinar y me quedo parado pensando, con una mano en mi pene y la otra en la cintura, y el tiempo pasa y yo sigo ahí parado pensando en cosas que han pasado y otras que no pasaron ni pasaran… el tiempo pasa y sigo ahí imaginando platicas que nunca existirán en otro lugar más allá de mi mente.
Mientras platico lo hago casi en voz alta, como una especie de susurro. Hablo por mí y también respondo por las otras personas.
Los minutos siguen pasando y me doy cuenta que he estado parado más de cinco minutos en el baño. He vuelto a la realidad; estoy frente al cagadero y debo concentrarme si quiero orinar algún día.
Empiezo a sentirlo, un par de gotas se asoman, parece que al fin voy a orinar, pero me desconcentro un momento y otra vez mis pensamientos me llevan a otra parte, lejos de este planeta… otra vez estoy hablando solo, con una mano en el pene y la otra en la cintura.

Sin ti no puedo

Juana debía presentarse a una exposición de una de sus clases de la universidad, pero, Juanita estaba habituada a hacerlo con ayuda… y ese día no encontró a su super amiga por ninguna parte. Tendría que hacerlo sola, pero ella sabía que sola era muy difícil, casi imposible. Pero igual, ella estaba dispuesta a intentarlo.
Faltaba unos diez minutos para empezar su presentación, y Juanita ya estaba muy nerviosa; le sudaban las manos, le temblaban las piernas, le faltaba el aire.
Juanita corrió al baño, le habían dado ganas de orinar, pero no logró orinar más que un par de gotas amarillentas y mal olientas. Revisando su cartera en busca de papel, en medio de innumerables accesorios de belleza y tarjetas de todo tipo, se encontró con una bolsita que contenía un gramo de polvo…
-los milagros si existen -pensó- y empezó a desanudar la bolsa con gran ansiedad, pero algo pasó, Juanita se detuvo, volvió a anudar la bolsa y la tiró en el basurero con el resto de papales enmierdados. Esta vez quería hacerlo sin ayuda. Soltó un hondo suspiro y salió corriendo del baño.
La sala estaba llena, esperando por Juanita… ella empezó a hablar, su voz se quebraba, tartamudeaba, había olvidado lo que debía decir o como decirlo, como si se hubiese olvidado de como hablar, como si fuera la primera vez que hablaba, y de hecho lo era; era la primera vez que hablaba en público sin haber inhalado un poco.
Juanita se dio cuenta de su error y pensó que aún estaba a tiempo de arreglarlo, se disculpó y pidió que la esperancen por por dos minutos. Corrió al baño rezando al cielo que no estuviese ocupado el baño en el que había tirado la coca. La puerta estaba cerrada, Juana la tocó desesperada, una chica salió un poco asustada y sin decir nada Juanita se encerró y empezó a buscar en la papelera su anhelada bolsa, como toda adicta, Juana no conoce el asco, sus manos desnudas levantaban papel tras papel, unos mojados, otros embarrados en marrón y amarillo…
Al fin encontró su bolsa, y con la habilidad que tienen la mujeres para maquillarse se empolvó la nariz y salió muy feliz del baño.
“Fue una gran presentación, aún se escuchan los aplausos…”

Magic carpet

Me acuesto en mi cama y despierto en otra ciudad, en otro país, a veces hasta en otro planeta…
Voy y vengo, viajo al pasado, presente y futuro. Muchos la llaman la máquina del tiempo, otros, la alfombra mágica. Yo simplemente le llamo sueños lúcidos.
De niño siempre soñaba con volar, y que hacía esas cosas que hacen los super héroes en la televisión… nunca imagine que mis sueños se harían realidad.

Haga realidad sus sueños en sus sueños, lúcidos.

 

Sueños bizarros

Sueños bizarros

Cuando termine este cigarro voy a violarte, y no se te ocurra gritar porque voy a asesinarte, maldita puta. Esta noche te haré cosas que están lejos de tu comprensión; tengo tantas ideas para esta noche…
Voy atarte de pies a cabeza para luego follarte. será una noche larga querida… ahorra tus lagrimas para otro momento, mejor es que lo disfrutes.
Cariño ¿has escuchado del sexo con vomitadas y cagadas? Nada me la pone más dura que ver salir un chorizo apretado de un culo. Quiero que lo hagas para mí…

 

La magia de soñar y el poder de la magia en los sueños

Era una noche clara de luna nueva. Aruma viajaba por el aire con su alce. Era un vuelo de relajación tarareando una canción… Aruma hizo descender su alce en la terraza de su casa. Entró en su casa muy contento luego de un momento realmente bello por los aires. Todo su ser irradiaba buena vibra, su tez estaba llena de energía que lo hacía brillar. Fue hasta su cuarto a buscar sus zapatos de la suerte y se los puso, se vio en el espejo y se sintió muy a gusto con su reflejo, se lanzó un beso en el espejo y salió del cuarto.
Esos no eran unos zapatos comunes y corrientes, eran de esos zapatos que te hacen volar, y a Aruma le encantaba volar, especialmente en noches como aquella en la que la luna estaba tan grande y brillante.
Saltó por la ventana y empezó a volar por sobre el vecindario hasta que divisó un grupo muy numeroso de personas y se decidió a bajar. Era lo que había estado buscando, un grupo grande para realizar uno de sus mejores actos de magia.
Se presentó ante aquellas personas y enseguida sacó de su sombrero tres pelotitas. Empezó con lo sencillo; la cascada, luego un par de trucos más para finalizar con cuatro pelotitas. Pero el público no parecía muy entusiasmado con el acto de Aruma.
Aruma supo que si quería de verdad impresionarlos debería hacer cosas realmente impresionantes… dio un paso atrás, extendió sus manos y empezó a levitar. Las personas se quedaron sin habla y antes de que pudieran hablar Aruma chasqueo los dedos y desapareció, —acá estoy —dijo desde lo alto de un techo y descendió flotando.
La gente ahora sí que estaba alborotada con lo que acababa de ver. Pero el acto aún no había terminado y Aruma tomó un perrito que pasaba por ahí y lo hizo flotar, y de las patas del perrito salían luces de muchos colores.
—Si quieren ver esto y más, —gritó eufórico Aruma— los estaré esperando en el circo mágico, el circo de las oportunidades, el burdel ambulante.

Diciendo eso desapareció en una densa cortina de humo.

Nosotros, los simples

Dicen que nosotros, los simples, los ignorantes, los vagabundos, no sabemos apreciar el arte. Dicen que no tenemos clase.

Muchos son los que escriben, y se hacen llamar poetas… en sus poemas abundan las frases pomposas y ruidosas.
“Vamos a escribir de forma pomposa, al más alto nivel. Para un publico selecto. Escribimos de forma ininteligible, casi como en código, para que por más que se lea sea imposible comprender”.
Los simples podemos leer mil veces y otras mil más sus poemas y nunca comprenderemos. Solo son palabras; palabras extrañas rebotando en nuestras cabecitas…