Con mano de hierro

Con la misma pasión y devoción con la que un alfarero moldea su pieza de barro, así deslizaré mis manos sobre tus pechos, mis manos estarán húmedas del sudor de cuerpo que se derretirá cual hielo al sol, gotas cristalinas y saladas de sudor rodando lentamente  por todo tu cuerpo, dejando a su paso las huellas de tu excitación, ellas también disfrutan el contacto, la caricia de tu piel, y qué no darían por por detenerse eternamente en la suavidad de tu piel. 

Manosearé, apretujaré tus pechos con gran vicio, morderé tus pezones tan fuerte que te escucharé gemir. Mis manos dejarán de ser de alfarero para convertirse en las de un herrero, entonces sentirás toda la potencia de mis brazos de hierro. Sentirás el fuego, la ardiente llama que devorará tu cuerpo, derritiéndolo muy lentamente como la llama a la vela mientras mi espelma se derrama.

Tu cuerpo crepitará con cada golpe de mi martillo, haciendo temblar cada parte de tu cuerpo… el cosquilleo entre tus piernas será tan intenso que tus piernas se abrirán como una flor al sol, entonces beberé el néctar, el jugo agrio amargo de tu hermosa y delicada flor.

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Cagando palabras

Cagando palabras

Necesito confesar una cosa; un hombre necesita sacar lo que lleva dentro, eyacularlo, vomitarlo, en el peor de los casos, cagarlo, creo que este es mi caso, siento que estoy cagando. Así es. Quería confesar que siento una terrible repugnancia por la gente común y corriente, debo confesar que odio a la juventud de la cual soy contemporáneo, odio sus malditas modas, su falta identidad, sus falsos valores, sus estúpidas fotos con lengua y orejas de perro en todas partes. Me descontrola los nervios ver sus “memes” de mierda por todas partes, parece que carecen de creatividad para escribir una mierda por cuenta propia, todo lo que comparten es una hedionda cagada verdosa.

Debo confesar también que me asquean las mujeres decentes, comunes y corrientes; yo soy un hombre de putas y travestis. Así es, las putas si saben como comportarse en una fiesta, ellas si saben como mover el bote, a ellas no les importa quien las esté viendo o escuchando, las putas se tiran un pedo y se cagan de la risa, se  sacan los mocos y se los limpian en su camisa… Dios, creo que nunca podré salir con una mujer decente, me gustan las mujeres paranoides, las adictas, las subnormales, las esquizas…

Estoy un poco jodido en este momento, me sentiría mejor con una raya entre las cejas, o quizás aún mejor con una bala entre las cejas.
Les deseo un puto feliz fin de semana, ¡ah, y que vivan las putas y los travestis!

La mujer de mis sueños

La mujer de mis sueños es anglosajonamente blanca, su cabello africanamente rasta, negro, sus ojos rasgadísimamente amarillos, como recién fumados… ella es revolucionariamente indígena; ella ama por igual a hombres y animales, ella es una con la naturaleza. Ella alaba al Creador cada día de su vida y le ofrece alabanzas con su linda voz de cuna.
(Una pausa para fumar).
La mujer de mis sueños es un hermoso lienzo tatuado de pies a cabeza con flores y rosas, elefantes y leones. Ella es estilo puro, y la moda y el maquillaje le importan un carajo, ella tiene estilo, ella escucha Jazz, y devora libros como si fuesen chocolates. Así es, ella es tan inteligente y sabia… ella tiene estilo, ella es estilo.
La mujer de mis sueños se deja el vello en las axilas y piernas y eso es genial, ella nunca usa tacones, no, ella siempre va en sandalias y sus pies sus preciosos, como bombones de leche y coco.
La mujer de mis sueños tiene pene.

Superluna

Superluna

Hace un par de días sucedió uno de esos acontecimientos cósmicos que se dan cada no sé cuantos millones de años, creo que estoy exagerando, pero es que así suena más bonito. Entonces, yo le dije a ella:
—Deberíamos de aprovechar la superluna de hoy para tener sexo. Dicen que la luna ejerce una poderosa potencia sexual, ¡imaginate una superluna!
—No puedo, ando con mi periodo…
—No importa, hoy es la superluna de sangre.
—ja, ja, y eso qué loco.
—¿No has escuchado el dicho: las mujeres sangran cuando la luna quiere?
—Pues creo, precisamente,  que por ser hoy el día de la superluna de sangre, las mujeres sangraremos hasta desangrarnos si se nos ocurre tener sexo.
—Creo que tenés razón. ¿Entonces qué? ¿vamos a desaprovechar la ocasión? ¡Tenemos que hacer algo con esa luna!
—¿Qué te parece si nos fumamos un superporro viendo la superluna?
—¡Amén hermana!

Fue una noche nublada y fría. Una enorme capa de nubes cubrían todo el cielo y no nos permitieron ver la superluna… pero igual fue una noche hermosa, platicamos y fumamos hasta la madrugada acerca la luna y los astros, y sobre nuestra iniciación a los misterios cósmicos y también sobre la vida en otros planetas. Luego cambiamos a temas un poco más filosóficos; ella pensaba que Nietzsche era un maldito misógino por haber hablado tanto del superhombre y decir un montón de mierda sobre las mujeres…
—¿Quién es tu escritor favorito? —Pregunté yo, intentando cambiar el rumbo de la conversación que llevaba un camino bastante oscuro entrando al machismo y hembrismo.
—¡Mi escritor favorito es Arturo Schopenhauer! —gritó a todo pulmón.
Estaba totalmente descontrolada, había fumado más yerba que Snoop Dog y Wiz Khalifa juntos en uno de sus vídeos de rap. La tomé en mis brazos y la llevé a mi cuarto, estaba completamente dormida, le quité la ropa, me excité muchísimo… la arropé muy bien y cerré la puerta. Me fui a dormir al sofá de la sala.

Gracias

Beto siempre había amado los libros, ellos y la música eran sus más especiales amigos. Beto leía mucho, también escribía mucho. Beto era un escritor indie, un escritorzuelo, tenía buen gusto por el arte, pero eso no significaba que su arte fuera bueno…

Beto era un enamorado, un romántico, tanto así que le escribió un libro a su novia y se lo regaló el día de su cumpleaños de ella. Ella hubiese preferido chocolates claro, para ella los libros no eran tan importantes como para Beto, ni hablar de un libro que lo había escrito un don nadie llamado Beto.

Suyapa, así se llamaba la novia de Beto, ella cogió el libro y dijo estar muy alagada y emocionada por aquel humilde regalo.  “Es el regalo más lindo que me han dado”, gritó. Beto Estaba delirando de emoción porque Suyapa leería el libro que le había escrito, y se daría cuenta del enorme talento que tenía por novio. Pero, pasaron los días, las semanas y los meses y Suyapa no terminaba el libro, y siempre evitaba el tema…

Beto dejó de esperar,  se sintió herido en el alma, nadie lo había dañado tanto. Beto se sentó en su escritorio y le redactó la siguiente y última carta a Suyapa:

Gracias mi amor, gracias por haber tenido mi libro (tu libro) por más tres meses y no haberlo leído. Pero gracias por comentar las primeras tres páginas conmigo, gracias por decir que te pareció un libro interesante hasta donde habías llegado, aunque ni siquiera sé si deba creerte… cuando me dijiste que era el mejor regalo y más original que habías recibido en tu vida, creí que de verdad así lo era, pero no, parece que solo era para alegrarme un poco ese día en que seguramente yo andaba un tanto depresivo. ¡Que lindo gesto mi amor! Seguro ese día me hubiese suicidado… gracias por estar ahí y evitar la pérdida de tan gran talento de escritor.
Si pensabas que mi libro (tu libro) era una mierda debiste haberlo dicho desde un principio, pero no, ni siquiera dijiste eso, en lugar de eso dijiste que era un buen libro pero que no habías tenido el tiempo para leerlo y terminarlo, y eso fue peor que escuchar que mi libro (tu libro) era una mierda porque sé que tuviste tiempo de sobra para leer esas malditas veintiséis mil palabras.
No puedo seguir con vos ni un minuto más, terminamos. Adiós. 

Beto puso punto final a la carta y la metió en un sobre. Al siguiente día se vería con Suyapa y le entregaría la carta.

Se encontraron en el lugar de siempre, Suyapa dijo tener mucha prisa así que Beto le entregó la carta, Suyapa la guardó en su cartera y de esa cartera sacó un una pequeña caja envuelta en un moño que le entregó a Beto, este se sorprendió mucho con el regalo que se quedó sin palabras. Suyapa se despidió de él sin dejarlo hablar y le recomendó abrir el regalo hasta llegar a su casa.

Beto llegó a su casa y tiró la caja en su escritorio, no estaba interesado en los regalos de Suyapa, “seguramente es alguna estupidez decorativa, o algo por el estilo”, pensó.  Se acostó en su cama y se durmió. A la mañana siguiente se despertó a eso de las once de la mañana, se sentó en su escritorio para escribir algo y vio la caja que le había dado Suyapa. La curiosidad lo venció y abrió el regalo. Dentro de la caja había una pequeña libreta rayada de principio a fin con el puño y letra de Suyapa… en medio del libro venía una carta que decía:

Beto, mi amor, quiero decirte que tu libro, el libro que escribiste para mí es maravilloso, es lo más lindo que jamás he leído, yo sé que no soy como vos que lee muchísimo y sabe mucho sobre literatura, pero no me importa, creo que puedo decir que tu libro es de los mejores del mundo. Y si no te lo había dicho era porque quería darte una sorpresa, quería darte la sorpresa de escribirte un libro como vos a mí, te escribí este libro a puño y letra porque quería darte un regalo tan grande como el que vos me diste a mí… Yo no sé mucho de escribir y he leído casi nada pero me las arreglé para escribirte este libro, quizás no sea tan bueno como el tuyo, pero te lo escribí con todo el amor del mundo. 

Beto te amo.  

 

“Servir y proteger”

Les contaré algo acerca de la policía, sí, de esos hijos de puta.
Les contaré algo acerca de los cerdos de la policía nacional, sí,
la policía nacional no es más que otra banda criminal.
Los azules, esos cabrones, sí, ellos te dispararán si corres,
y si no corres te cagarán a patadas hasta que se gasten sus botas.
Servir y proteger es su lema, ¿a quién? ¿a quién sirven esos cabrones?
¿a quién protegen? ¿al pueblo? 
Les contaré algo acerca de esos hijos de puta;
si los azules te encuentran con las manos vacías,
ellos se encargarán de llenártelas de mierda,
ellos pondrán droga donde no la había, ellos te incriminarán,
ellos te atarán, te vendarán los ojos y te pegarán un tiro en la cabeza. 
Les contaré algo de la policía militar; son un montón de asesinos malparidos,
me cagó en ellos y la madre que los parió. 

Te invito a mi casa

–Vamos a mi casa –le dije.
–No, vos algo me querés hacer, –soltó su mano de la mía–, mejor ya llevame a la mía.
–Vamos a mi casa –repetí–, vamos a ver una película, porno.
–No puedo, ¡mirá la hora que es!
–Vamos a mi casa, –dije.
–¡Que no quiero! –gritó.
–Vamos a mi casa –me acerqué a ella y apreté con fuerza su blanco cuello–, ¿te gustaría ir a mi casa?
–Quiero ir a tu casa –dijo, llorando.

Otra carta de amor

Otra carta de amor

Juana, mi amor.

Querida, quería decirte que se pone la verga en órbita de solo pensar en tus piernas, te digo que la siento retorcerse como la cola que ha sido desprendida de su lagartija, es un meneo terrible, me sacude todo el cuerpo como un terremoto de más alta escala de Richter.

Juana cuando veo tu meneo por la esquina, tu taconeo, soy victima de un palpitación terrible, la verga se me empieza a encabritar, es casi como montar un caballo loco, es un convulsión imparable, una locomotora sin frenos directo al precipicio. Te digo que tengo que sujetar mi caballo con ambas manos y con todas mis fuerzas para que no se escape de su jaula y trate de introducirse en la tuya, que por supuesto, es más linda y cómoda.

Juana, mi amor, mi pequeña flor, yo sé que esta sin duda es la carta de amor más extraña que has recibido en tu vida, lo sé. Pero es que no sé expresarme de otra forma, escribo las cosas como las pienso, y te digo que solo pienso en cogerte. Te deseo con locura, y si no aceptás salir conmigo, juro por la Virgen que voy a saltar de algún puente para ahogarme en el río, y sobre tu conciencia pesará que yo haya fallecido.

Juana te amo.

Siempre tuyo Macario.

Te quiero

–Darling, –dijo–, quiero que me escribás un bello poema.
Yo me emocioné mucho. Le escribí esto:

Yo te quiero.
Te quiero mucho.
Yo te quiero, atada de pies y manos en mi cama,
yo te quiero, ¡Dios, cuanto te quiero!
Te quiero, quitar la ropa con un cuchillo…
Yo te quiero, violar…

Yo te quiero, ¡cuanto te quiero!
Yo te quiero, cortar el cuello con mi cuchillo.
Te amo.

–¡Me encanta! –gritó–, yo sabía que tu talento no me defraudaría. Es más de lo que hubiese imaginado.
Dijo eso, se acercó y me dio un beso en la boca, luego puso su boca en mi oído y me dijo que lo hiciéramos  realidad… sentí su lengua hundirse en el agujero de mi oído, Dios, me sentí violado.
–¡Jesús a qué clase de anormal le puede gustar ese mierda! –grité.
La aparté de un empujón y me alejé dos pasos de ella.
–Pues a mí me gusta tu mierda, –se acercó otra vez hasta casi rozar mis labios con los suyos–, vos sabés que yo me comería tu mierda si me lo pidieras Ixtab. Me gusta tu rareza loco, y eso no lo podés cambiar, soy tu fan número una y eso es irremediable. Te amo loco.
–¿Te gustaría ser mi novia? –pregunté.
–No, –respondió ella.
Dijo eso y se fue.
Así fue.

“Al oeste de Roma”

Anoche soñé un sueño lúcido muy extraño… ni siquiera sé cómo contarlo, creo que carece de sentido ahora que estoy despierto. No sé cómo trasmitir las sensaciones y las cosas que vi. Estoy seguro que no existen palabras en ningún idioma de este planeta que puedan expresar lo que viví en ese sueño, es imposible.
Pero no fue el único sueño lúcido de la noche por supuesto, Al oeste de Roma, fue otro de los sueños de anoche, digo anoche pero en realidad fue de los últimos sueños de la mañana.
Al oeste de Roma es uno de los libros que ahora estoy leyendo, y como sucede siempre; he soñado con los personajes de los libros que leo, o sueño con los paisajes y contextos de los libros que leo. ¡Acaso no es algo hermoso! ¡Acaso no es una experiencia mágica! Sé que muchas personas desearían entrar en los libros que leen, y no es que al leer no lo hagan, solo digo que soñarlo hace la experiencia literaria casi incomparable, insuperable, la verdad es inalcanzable.
Imaginen poder entrar en sus libros favoritos, compartir sus personajes, ver los rostros y las formas con los que tu mente los ha pintado… los paisajes que tu mente ha dibujado.